¿Competencia o cooperación?

Existe la creencia de que la evolución sólo se basa en la competencia entre organismos, este distorsionado punto de vista ha sido fuertemente adquirido por una malinterpretación del darwinismo. Esta teoría se ha arraigado en la mayoría de las sociedades actuales, éstas se fundamentan en competir unos contra los otros y dominar la naturaleza. Hemos basado la economía, la política y la sociedad desde la revolución industrial en “la selección natural”: esta ley asume que nuestra vida es una perpetua lucha con nuestros congéneres, y que las injusticias y desequilibrios sociales son una consecuencia necesaria e irremediable. Pero como afirmó Lynn Margulis: “la selección natural elimina i tal vez mantiene, pero no crea”. De este modo, cada vez se hace más evidente que no sólo la competitividad no prima en la naturaleza, sino que nuestra vida en la Tierra es absolutamente incompatible con esta visión.

La competencia y cooperación como factores evolutivos

Desde el punto de vista evolutivo, cuando la competencia llega al límite, donde ganar implica la propia destrucción y la del ambiente, no queda sino cooperar. La teoría sintética de la evolución o neodarwinismo, incorpora los nuevos conocimientos de la genética, la sistemática, paleontología, etología, ecología, y la biología del desarrollo a la teoría darwinista. Ésta teoría explica las divergencias fenotípicas mediante las mutaciones, la recombinación genética y la herencia epigenética. Éstos procesos no son el único motor de la evolución, la simbiogénesis, es decir, la asociación y integración de diferentes especies para originar nuevas formas de vida también es otra fuerza evolutiva.


En este sentido, Lynn Margulis, una eminente catedrática de la Universdad de Massachusetts, con la teoría de la endosimbiosis, demostró que las células procariotas y las eucariotas, las que constituyen todos los seres vivos (macrobiota y microbiota), se formaron a partir de una asociación (simbiosis) entre diferentes bacterias y células para aprovechar mejor todos los recursos del medio. Esta teoría amplia la visión de la evolución y nos indica que primero es cooperar y después competir; es decir, las prioridades están invertidas. Hay un gran número de ejemplos para demostrar esto: los bancos de peces existen por la cooperación entre los individuos que se unen para sobrevivir al ataque de los predadores. Incluso es tan fuerte este instinto de cooperación que los peces se turnan las posiciones donde están más expuestos o guarnecidos a dichos ataques. Esta es una cooperación intra-especifica que se da en muchos organismos llamada gregarismo.  

Cardumen de peces defendiendose de un tiburón

Para entender la simbiosis podemos pensar en nuestro propio cuerpo humano, en él cohabitan billones de células y microorganismos (varios cientos de especies de bacterias, hongos, protozoos, etc.). La proporción de células y de células microbianas en nuestro cuerpo es de 1:10 y todas ellas luchan por su propia supervivencia y a la vez trabajan por un objetivo común: nuestra vida.

Cuanto más sabemos sobre las relaciones simbióticas entre distintos organismos, más nos damos cuenta de que estas no son asociaciones aisladas, sino que forman parte del día a día de una buena parte de los organismos de la Tierra – incluido el ser humano- y que, en muchos casos, la vida tal y como la conocemos no sería posible sin la simbiosis

El ilustre investigador de las diferentes relaciones que se producen en los ecosistemas fue Ramón Margalef. Este científico catalán fue probablemente el europeo que más decisivamente contribuyó a sentar las bases de la ecología, la ciencia de síntesis por excelencia. Destacó por ser el primero en buscar patrones y leyes dentro de la variabilidad de los ecosistemas. Tuvo esta idea de ecosistema como un flujo de energía que tiende a la complejidad y a diversificarse. El gran descubrimiento de Margalef fue que la diversidad de organismos ya sean plantas, animales y microorganismos tienen una función dentro de este ecosistema y entre ellos cooperan para mantener las condiciones bioquímicas del ecosistema. Esta cooperación implica que cada elemento del sistema cumpla con una responsabilidad global. Esta responsabilidad es una propiedad ontológica en todos los seres de la naturaleza, exceptuando el ser humano, quien la ha perdido y no tiene interés en re-aprenderla y reflexionarla.

Como ya evidenció Margalef, la cooperación entre especies en los ecosistemas es indispensable para la supervivencia de éstos. Por ejemplo, el parque Serengueti es un ecosistema que, aunque está muy degradado, permite observar lo anterior; en las áreas en las cuales el equilibrio entre presas y depredadores se mantiene, se puede observar cómo los grandes carnívoros como el león matan a las presas grandes como el ñu o la cebra. Cuando todavía están comiendo empiezan a llegar predadores y carroñeros de otras especies, que aparentemente quieren competir con el león por la comida. No obstante, los carroñeros y los predadores más pequeños no compiten con los leones ya que se alimentan de partes diferentes. Los leones hacen la tarea pesada, descuartizan y comen los grandes trozos de carne. Después otros predadores o carroñeros como los buitres comen las entrañas y dejan tendones y cartílagos para hienas o chacales. Finalmente, los insectos se encargan de terminar la limpieza para que el equilibrio del ecosistema.

Ramón Margalef

Si la red trófica de un ecosistema se ve afectada, ya sea por la desaparición o la menor densidad de algún organismo de esta red, todos se ven afectados. Por ejemplo, mencionando la situación anterior, se ha podido observar en otra parte del Serengueti donde la afluencia de leones es menor, una cebra muerta escoltada por una bandada de buitres que no podían comer por no estar rota la piel y estaban esperando que se descompusiera la carne para poderlo hacer. En ese lugar el olor era insoportable y había una gran cantidad de moscas y otros insectos que mientras esperaban los acontecimientos no dejaban de atacar a otros animales. 

Con estos ejemplos, no quiero negar la competencia, pero ésta erróneamente ha sido considerada como el puntal de la evolución. En lo social, el ser humano ha ido dando predominio a la competencia cada vez más, debido a la ambición por los recursos de planeta y el poder.

El ecosistema Tierra

Respecto al planeta Tierra, éste no es una gran piedra muerta, sino un sistema vivo en el que todo está relacionado, atmósfera, geosfera, hidrosfera y biosfera.  En los años 60 del siglo pasado, el científico atmosférico James Lovelock, llevó a cabo un estudio para la NASA en el que pretendía detectar vida en Marte. Comparando las atmósferas de Venus, la Tierra y Marte, Lovelock vio que las características atmosféricas de Marte y Venus eran muy parecidas y totalmente diferentes a las del planeta Tierra, que justamente está en el medio. Por ejemplo, la atmósfera de Venus y Marte son totalmente estáticas y contienen un 95% de CO2, 3% de N y 0,2% de O2, mientras que las proporciones de la atmósfera terrestre actualmente son de 0,03% de CO2, 21% de O2 y 78% de N. Viendo estas diferencias en las proporciones de gases en las diferentes atmósferas, ya se descartó la idea del principio antrópico por el cual es necesaria una distancia del Sol conveniente.

La principal idea de James Lovelock no es que la Tierra se encuentre en el lugar preciso, sino que cuando tiene lugar la vida, ésta tiene la capacidad de cambiar las condiciones fisicoquímicas de la tierra. Con la conclusión de este estudio, formuló la teoría de Gaia. El nombre de la teoría Gaia, hace referencia a la diosa griega de la Tierra. Esta teoría consiste en que el planeta es un único sistema autorregulado que siempre mantiene el clima i la composición química adecuados para la vida. No quiere decir que siempre sea el mismo, porque desde sus orígenes ha ido variando. Esta teoría afirma que la Tierra es un sistema completo e integrado, en el cual no tenemos que ver individualmente las especies, la atmósfera, los ríos, etc. Las condiciones actualmente reinantes en el planeta no son el mero resultado de reacciones fisicoquímicas, sino que son mantenidas así por el conjunto de seres vivos del planeta (la biosfera) y la interacción con su entorno. Todo animal, vegetal y mineral de nuestro planeta participan de una conciencia única, formando una super-estructura que trabaja conjuntamente para el bien común.

Otro ejemplo que evidencia la teoría de Gaia, es un fenómeno que sucede en los océanos. El fitoplancton, que hace referencia a diferentes especies de microorganismos microscópicos fotosintéticos, cuando sufren demasiada insolación se estresan y desprenden azufre que en contacto con el agua del mar se forma el dimetilsulfuro, este gas cuando sale del agua, forma núcleos de condensación del vapor de agua y forman las nubes. En este sentido, estos microrganismos producen más azufre cuando reciben demasiada radiación solar y con esta producción disminuyen la insolación. Por otro lado, estos individuos cierran el ciclo del azufre devolviéndolo otra vez al continente. En resumen, a más vida marina más frescos estamos.

Descripción del proceso de formación de nubes gracias al fitoplancton

En sintonía con la hipótesis de Gaia, Bruce Anderson, un geólogo que fue líder de la Unión Geofísica Americana, demostró que, si no hubiese vida a la tierra, no habría placas tectónicas. Esta evidencia la constató con el papel que desarrollan los microorganismos a los bordes de los continentes. Éstos recogen CO2 del agua y forman las conchas de carbonato de calcio que caen a las profundidades del océano. Esta lluvia de carbonato de calcio cambia la composición de las rocas volcánicas del fondo marino. Forma un material llamado eclogia que tiene una densidad diferente y actúa como lubricante de tal modo que agiliza todo el proceso de subducción de debajo los continentes. Sin este proceso biológico, no habría el movimiento de estas placas.

Con estos ejemplos detallados, podemos extraer que la vida a la Tierra se fundamenta en los microorganismos, yo más bien añadiría que la vida productiva se basa en ellos. La afirmación anterior es irrebatible debido a la asociación de millones de especies de microorganismos que metabolizan los residuos de desecho de los otros seres vivos, creando así un ciclo de reciclaje de materia y energía. Sin este reciclaje de componentes inorgánicos, toda la materia (nitrógeno, fósforo…) de la tierra se habría agotado, pero gracias a éste, la vida en la Tierra se conserva. Esta es la lección que tenemos que aprender los humanos, no podemos hacer nada que no lo podamos reconvertir y re-utilizar después. Sin un reciclaje de la materia, la vida se interrumpe.

El ser humano: especialista de la r

En ecología, cuando se coloniza un ecosistema desde cero, primero crecen las especies de crecimiento rápido. A éstas especies se les llama oportunistas o especialistas de la r, estas especies suelen ser especies generalistas, tienen un rango de condiciones bastante laxo en el que pueden vivir y su reproducción es exponencial. Pero poco a poco, el ecosistema va adquiriendo complejidad, llegando a un clímax donde se recicla mas materia, se vuelve más estable, debido a este cambio, pocas especies especialistas de la r sobreviven y deben migrar a otro lugar. Con la mayor complejidad del ecosistema, los individuos que habitan en él ya no son oportunistas, son los llamados especialistas de la K, éstos tienen otra estrategia de vida más adecuada a los ecosistemas estables, tienen menor descendencia y entre ellos ya están más acoblados.

Los humanos estamos viviendo como si fuéramos este tipo de especies, los primeros colonizadores u oportunistas desde hace años. La actual estrategia económica es la de crecer todo lo posible, pero la natura nos está enseñando que esto no es sostenible. La maduración de un ecosistema tiene lugar cuando éste tiende al reciclaje de materia entre organismos y a la complejidad de relaciones entre éstos, pero nosotros queremos ser oportunistas siempre. Esta idea no tiene ninguna lógica, solo nos perjudicará. En primer lugar, afectará a los grandes depredadores de la cima de la cadena trófica, siendo nosotros el siguiente eslabón y por último el de los microorganismos, aunque no debemos sufrir por ellos porque estos persistirán.

Gráfico que muestra la densidad de población en el tiempo de las diferentes estrategias de las especies.

Con todo lo anterior, ya tenemos una idea de cómo funciona el planeta que habitamos. Éste funciona como un gran ecosistema en el que toda la vida se fundamenta en los más pequeños, en los microorganismos. En la Tierra no hay malas hierbas, cada organismo tiene su función fundamental en el ecosistema y estos organismos evolucionan por los diferentes cambios en los genes y también por simbiosis, la fuerza de la asociación. Finalmente, este gran ecosistema Tierra es estable en función del reciclaje que pueden hacer los organismos que viven en él.

En conclusión, vivir no es un nombre, no es algo fijo, es un proceso, un verbo, cambia siempre, cambia a través de flujos de energía y materia. Nuestros genes están dentro de unos cromosomas, dentro de una célula, y las poblaciones de éstas en su conjunto y en combinación con otras células evolucionan. Respecto a nuestras acciones, actualmente estamos aprendiendo que éstas tienen efecto mucho más allá de donde se han producido, pero hasta que no traduzcamos esto en nuestras operaciones de organización social y económicas estamos alejándonos del mundo que nos envuelve y en el cual habitamos.

Respondiendo a la pregunta inicial: ¿competencia o cooperación?, se puede decir que nuestra capacidad de cooperar y de sostener la comunidad es precisamente nuestra ventaja competitiva.

” En el estado actual, si el humano hace demasiados desbarajustes, el primer a eliminarse será el mismo “

Ramon Margalef

Bibliografia

Michael, W. Gray (2017). Lynn Margulis and the endosymbiont hypothesis: 50 years later. Molecular biology of the cell28(10), 1285–1287.

James E. Lovelock & Lynn Margulis (1974). Atmospheric homeostasis by and for the biosphere: the gaia hypothesis, Tellus,26:1-2, 2-10.Bill, Mcguire (2002). A Guide the End of the World, Oxford University Press, New York,

Edgar, Morin (1996). “Por un pensamiento ecologizado” en La Tierra ultrajada: los expertos son formales, THEYS, Jacques y Bernard Kalaora compiladores, Fondo de Cultura Económica, México, D.F.

Prat, Narcís (2015). Ramón Margalef (1919-2004). Una obra ingente no totalmente bien conocida. Ecosistemas 24(1): 97-103.


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