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Salidas al campo: Plantas comestibles I

Con la llegada del buen tiempo nos apetece pasar más tiempo en el campo, hacer excursiones, y si podemos regresar a casa con bolsas llenas de plantas comestibles, todavía mejor!

Así que esto es lo que hice hace pocas semanas. Actualmente resido en el sur de Suecia, y sí, el tiempo es imprevisible hasta en estas fechas! Hace dos días estábamos a casi 30 grados en el sol, y al día siguiente pasamos a estar a 11 grados, lluvia… (a principios de mayo se asomaron hasta algunos copos de nieve…).

Parece que no llega nunca el verano pero en cuanto empieza el calor, una explosión de vida se avecina. Como si la naturaleza aguarda unas ganas de estallar en color y vida por tantos meses sufridos de frío y escasa luz solar. No solo en pájaros, insectos y flores… sino incluso en personas. ( Se dice que la gente descubre a sus vecinos en verano, pues durante invierno ni se habían visto!) La verdad es que aprendes a apreciar mucho el sol que nos rodea en latitudes mediterráneas cuando llegas al norte de Europa y puedes estar hasta 3 semanas sin ver el sol… (ya veo aquí otro posible post sobre luz solar, vitamina D, y sus efectos en personas…!)

…Como si la naturaleza aguarda unas ganas de estallar por tantos meses sufridos de frío y escasa luz solar! Tulipanes del Jardín Botánico de Lund, Suecia (Mayo). Fuente propia.

Seguimos con la excursión en el campo. Hoy os hablo de una salida al campo peculiar. El departamento de Biología del cual pertenezo, hicimos una salida para identificar plantas comestibles de la región (algunas de las cuales también podemos encontrar en latitudes mediterraneas, y otras que són de latitudes centro-norte europa). Tuvimos una visita sorpresa de la televisión sueca, así que hicieron un buen reportaje (y divertido) sobre la excursión (que podéis ver al final del post – y practicar inglés y sueco – 🙂 ).

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La Casa del Agua de Trinitat Vella y la historia de la ciudad siempre sedienta.

¿Que necesitamos para construir un pueblo, una ciudad, una civilización? Mano de obra, materiales de construcción, el conocimiento para ponerlo todo en marcha, etc. Pero hay una cosa mucho más importante, algo de lo que ya hemos hablado alguna vez en este blog, y que damos por sentado: El agua.

Quizás creáis que es algo obvio pero a menudo subestimamos como el acceso al agua y el garantizar su consumo construyen la ciudad. Pensad un momento en los acueductos romanos, por ejemplo, que son construcciones titànicas y que aún perduran en muchas ciudades de Europa. No son como las piràmides o las catedrales, monumentos a la fe o a las instituciones. Los acueductos son monumentos a la persistencia por sobrevivir en un lugar, por expandir una ciudad, y podemos encontrar más ejemplos en casi todas las ciudades del mundo, pero hoy os explicaré uno de Barcelona.

Barcelona ha sido siempre una ciudad sedienta. Desde que la pequeña Barcino, la ciudad romana, empezara a expandirse, los ríos de los que disfruta siempre han aportado lo justo o lo insuficiente a sus habitantes. El agua que entra en la urbe no solo se utiliza para el consumo, como ya sabréis, y ya en la edad media gran parte de esta agua movía los molinos de harina y de la indústria peletera.

La cuenca del Rio Besos ha sido una de las principales fuentes de agua de la parte superior de la ciudad. Fijaos especialmente en la población de Montcada i Reixac y su cercanía a Barcelona.

Las minas de Collserola, la montaña que envuelve a Barcelona, fueron también una fuente de agua durante muchísimo tiempo, pero a finales del siglo XVIII, casi llegada la revolución industrial, la situación era ya dramàtica, y durante la sequía de 1776 se tomo la determinación de abrir una mina de agua en Montcada.

Estas minas consistían en galerías excavadas bajo el lecho del río Besos, ya que el terreno de este lecho era muy permeable y facilitaba la filtración de la mayoría del agua. La solución pasaba pues por extraer todas estas aguas subterràneas y llevarlas a la ciudad. Las minas de Montcada fueron explotadas, ampliadas, ampliadas otra vez, bombeadas y expandidas a lo largo de los siglos XIX i XX para satisfacer la pantagruélica demanda de Barcelona.

Pero el agua que necesitaba la ciudad no solo tenía que ser abundante, también tenía que tener bastante fuerza para mover los molinos de las diferentes industrias que se beneficiaban de la energía hidráulica. De manera que este agua se hacía subir hasta cotas cada vez más altas, para que cayera con la fuerza suficiente a lo largo de su recorrido.

Hasta 1919, Barcelona tampoco disponía de un sistema de desinfección del agua. Dadle un par de vueltas a eso: hasta bien entrado el siglo XX, el agua de Barcelona se distribuía sin desinfectar. Afortunadamente, la filtración del sedimento en las minas eliminaba gran parte de los patógenos del agua, pero no fué suficiente para evitar la epidemia de fiebre tifoidea que asoló la ciudad en 1914 (en muchas fuentes encontrareis que fué una fiebre de tifus, pero el tifus lo contagian las picaduras de parásitos como garrapatas y pulgas, así que no tiene nada que ver con la desinfección del agua).

Y aquí es donde os quiero hablar de un edificio singular, testimonio de toda esta historia.

En lo más alto del barrio de Nou Barris, en unas de las àreas más marginales de Barcelona, en la misma falda de Collserola, podemos encontrar una construcción de arquitectura modernista que destaca entre el resto de edificios de aspecto basto y sencillo. Se trata de la Casa del Agua de Trinitat Vella.

La Casa del Agua de Trinitat Vella con su aspecto actual. Después de dejar de funcionar como elemento de gestión hídrica, albergo unos pequeños huertos urbanos para los habitantes. Actualmente esta remodelada y la SCEA la gestiona como espacio de Educación Ambiental.

Este edificio Modernista se construyó en el 1919, una época en la que Barcelona estaba finalizando su expansión más rápida, que daría lugar a l’Eixample (o Ensanche) en el centro de la ciudad, pero por aquel entonces, Nou Barris aún no existía y el àrea donde se construyó la Casa del Agua estaba escasamente urbanizada.

La epidemia de fiebre tifoidea de 1914 de la que os he hablado antes fue consecuencia de que las aguas de las Minas de Montcada eran portadoras de las bacterias de esta enfermedad, debido a contaminación por heces. La corriente higienista ya había llegado a España y se tenía muy en cuenta en las decisiones urbanísticas, como en la creación de un sistema de alcantarillado eficiente y también tuvo que ver en la decisión de edificar la Casa del Agua.

Este nuevo edificio no solo proporcionaba una nueva entrada de agua a la ciudad a una cota de altura muy superior a la que se disrutaba hasta entonces (pasando desde los 18 hasta los 50 metros), también fué la primera estación de cloración y desinfección de aguas urbanas de la ciudad de Barcelona, y sirvió a su cometido durante casi todo el siglo, hasta el año 1989.

Actualmente el edificio de la Casa del Agua de Trinitat Vella se conserva como equipamiento de educación ambiental gestionado por la Sociedad Catalana de Educación Ambiental (SCEA) desde este mismo año. Su preservación es importante no sólo por su importancia histórica y valor arquitectónico, sino por el gran valor que ha tenido siempre para los habitantes de Nou Barris.

La Casa del Agua aún conserva los depósitos de cloración, la mayoría del sistema de cañerías y un paseo subterràneo hasta la casa del agua del barrio vecino. Y en lo más profundo, un depósito de miles de metros cúbicos completamente restaurado.

Sí, yo también me lo he preguntado ¿Como te las apañas para perder durante decadas algo de este tamaño?

Hay más sobre la historia de la gestión del agua en la ciudad que podéis aprender en la Casa del Agua, como la historia del Puente de los Tres Ojos que formaba parte del paisaje del barrio y desapareció durante décadas para ser reencontrado de nuevo durante unas excavaciones. Os animo a que visiteis este espacio y conozcais las actividades que se realizan en este edificio bellísimo y lleno de historia.

Conociendo la historia de la Casa del Agua conocemos hasta que punto el agua ha dado forma a la ciudad. La historia de sus gentes y sus industrias que, como la misma ciudad, siempre han estado sedientas.

Fuente:

La Casa de L’aigua de Trinitat Vella. Barcelona i les captacions municipals en Montcada. Manel Martín i Pascual

Bosque con niebla

Shinrin-yoku

“A veces, vale la pena salir del camino y adentrarse en un bosque. Encontrará cosas que no ha visto nunca” (Alexander Graham Bell; científico e ingeniero escocés)

Bosque
Bosque en primavera

Pasear sigilosamente por un bosque cubierto de niebla baja, acariciar la corteza de un árbol centenario, observar el crecimiento de las hojas y pararse a oler las flores son algunas de las sensaciones que nos ofrece el shinrin-yoku.

Cuando los japoneses hablan de shinrin-yoku se refieren a hacer un paseo corto por el bosque. No se trata de hacer ejercicio aeróbico ni de montañismo. Es un simple paseo donde el único requisito es tener un poco de tiempo. El objetivo es sencillo; relajarse.  Sigue leyendo Shinrin-yoku

El Torcal de Antequera, Tierra de Amonites

Hoy os hablaré de una excursión singular. Una salida al campo con un gran valor añadido, con hallazgos que personalmente me fascinan. Son de los que nos hacen viajar en el tiempo, un viaje de millones de años… Hoy nos vamos al paraje natural Torcal de Antequera, Andalucía.  Sigue leyendo El Torcal de Antequera, Tierra de Amonites

Me desnudo (como divulgador)

Os voy a ser sinceros. Este quizás será el post más íntimo hasta la fecha en el blog. De ahí el metafórico título que lo acompaña. Será sin duda un artículo bastante personal, pero he considerado interesante hablar de cómo empecé a entrar poco a poco en la comunicación científica, reflexionando a su vez sobre este proceso.

Porque, al final, entiendes que has aprendido un poco de cada proceso, y sin duda la comunicación científica me ha enseñado más de lo que esperaba. Sea la situación que fuese, no se trata más de la historia y percepciones de un servidor. Quizás sirva como análisis para entender cómo es el blog hoy en día o la propia forma de contar las historias, que aquí se cuenta. Pueda incluso servir de alguna forma para alguien que está estudiando biología, una carrera científica  o sienta cierta afinidad al tema.

Creedme que he puesto muchos ganas en hacer una entrada a la altura, esperando transmitir todo lo que quiero transmitir. Pero, empezemos por el principio, que me voy por las ramas. De hecho, repasando el post me doy cuenta de que me dejo algunas cosas en el tintero. Pero se me está haciendo un poco largo, y nunca he sido de artículos demasiado largos.

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¿Qué habría sido de mí si hubiese estudiado periodismo?

Mirando un poco para atrás y con la reflexión apropiada, creo que podría haber estudiado periodismo perfectamente. Y seguro que de hecho, hubiese sido recomendable en algunos casos o según que objetivos. No creo que podría haber enfocado mi carrera al periodismo porque considere que tenga una buena capacidad para comunicar (eso es discutible y en gran parte subjetivo), sino porque siempre me ha gustado transmitir aquello que me fascina. Me gusta escribir y me gusta leer, la suma es fácil.

Sí, podría haber hecho periodismo, pero seguí también una de mis pasiones: la biología. Es por eso que, pensando en frío, la faceta periodística tenía que llamar a la puerta un día. Y es también ahora cuando recuerdo cómo me fascinaba el Punset y su forma de hablarme de las neuronas y las mitocondrias.

“¿Estas ahí, Xavi? Soy yo, tu vocación periodística”

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Sí, lo sé, no es científico y se nota. Pero a mí siempre me ha parecido un referente a la hora de “contar historias”. Fuente: http://www.farodevigo.es

¿Pero cúal es el detonante?

Todo empezó cuando terminé la carrera y me encontré sin tener muy claro qué directiva profesional tomar. Las ofertas laborales no son especialmente altas para mi sector ( “ejem, paro”), y más en la situación económica de los últimos años dónde la ciencia, la investigación y la conservación han sufrido grandes y terribles recortes. Y sucede que en tiempos de dificultades, tienes que reinventarte. Podríamos hacer símiles con el proceso de selección natural o la misma evolución, pero creo que seguís la línea argumentativa y qué habéis entendido el ejemplo.

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Mendeley, tu compañero para gestionar artículos científicos

La primera entrada de este año es algo particular, y es que está destinada a aquella gente que necesite leer o trabajar con artículos científicos o paper, y por lo tanto, se trata de un consejo con todos aquellos en contacto con la cienciaQuizás hayas estudiado alguna carrera relacionada  o sabes de alguien que lo ha hecho. Normalmente en estos ámbitos, así como en el mundo de la investigación, es necesario leer y digerir una gran cantidad de artículos científicos. Estos suelen complejos e incluso difíciles de entender, por eso gestionarlos y tenerlo bien organizado puede ser muy relevante.

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Mendeley cuenta con aplicaciones para Pc, Mac, smartphones y tabletas electrónicas (imagen obtenida de https://kib.ki.se)

En este caso el consejo de hoy se trata de la gestión de artículos científicos con el programa Mendeley. Este programa se puede descargar sin coste alguno y tiene un sinfín de utilidades para trabajar con los artículos, aunque como muchos otros programas, tendrá opciones añadidas para aquellos usuarios que estén dispuestos a pagar o que puedan necesitar más.

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Por qué esto del cambio climático, en realidad, te la pela un poco.

El cambio climático no nos preocupa. Debería, por supuesto. La comunidad científica lleva ya más de dos décadas avisando de los peligros catastróficos que se ciernen sobre nosotros y algunos de ellos han empezado a notarse de forma cada año más evidente. Y, sin embargo, partidos políticos que niegan la existencia del cambio climático ganan la confianza de gran parte de la población, como hemos visto en EEUU. Y para no irnos tan lejos, en España se coloca en el poder a una formación que pone trabas a las alternativas energéticas que nos ayudarían a combatir la emisión de gases de efecto invernadero. Pero es que además estas peligrosas políticas ambientales son ninguneadas en los debates políticos, porque tampoco hay nadie que pregunte por ellas con la suficiente insistencia. Aceptémoslo: esto del cambio climático, así en general, nos la trae un poco al pairo.

Pero ¿por qué? ¿No estamos lo bastante informados? ¿Tenemos otras cosas en la cabeza? ¿Acaso tenemos un afán autodestructivo colectivo? La respuesta tiene muchos aspectos a repasar y los estudios que se han ocupado del tema han resaltado algunos de ellos.

Evolución de búsquedas de los términos cambio climático (azul) y aire acondicionado (rojo) entre 2011 y 2015. Seguro que identificáis pronto los 4 veranos del intervalo. Parece que el calor afecta gravemente a la conciencia ambiental.
Evolución de búsquedas de los términos cambio climático (azul) y aire acondicionado (rojo) entre 2011 y 2015. Seguro que identificáis pronto los 4 veranos del intervalo. Parece que el calor afecta gravemente a la conciencia ambiental.

Lo que le pasa a los demás

Un estudio en Reino Unido recogió la opinión de los ingleses sobre el cambio climático. En concreto, se quería evaluar el conocimiento que se tenía de este fenómeno y si los encuestados sentían que tenían poder para influir sobre él. Se preguntó también si consideraban que el cambio climático era un problema que les fuera afectar directamente o, por el contrario, no lo acabarían notando. Había, sin embargo, dos grupos entre los habitantes encuestados: los que habían sufrido de cerca una inundación estacional, y los que no.

Es cierto que las inundaciones no se pueden atribuir directamente al cambio climático como causa única, pero diversos modelos han predicho el aumento de estos fenómenos con la elevación de las temperaturas y, ciertamente, son cada vez más comunes es países con la climatología del Reino Unido. Así pues, se quería saber cómo percibían el cambio climático aquellos que habían sido directamente afectados por él, respecto a aquellos que no lo habían sufrido, al menos conscientemente.

Y ¿Qué creéis que pasó? Pues que las personas que habían sufrido inundaciones en sus propias carnes estaban más dispuestas a aceptar la existencia del fenómeno del cambio climático, y también a aceptar que este les podía afectar directamente. No solo eso, sino que también consideraban que ellos tenían poder para influir sobre el cambio climático, de forma negativa o positiva. La investigación concluía que aquellos que habían padecido una inundación incluso estaban más dispuestos a cambiar sus hábitos a unos más respetuosos con el medio ambiente.

La imagen típica del cambio climático. Muy bonita y dramática, pero difícil de relacionar con el clima y fauna mediterránea.
La imagen típica del cambio climático. Muy bonita y dramática, pero difícil de relacionar con el clima y fauna mediterránea.

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