Todas las entradas por Miguel Cativiela López

La Casa del Agua de Trinitat Vella y la historia de la ciudad siempre sedienta.

¿Que necesitamos para construir un pueblo, una ciudad, una civilización? Mano de obra, materiales de construcción, el conocimiento para ponerlo todo en marcha, etc. Pero hay una cosa mucho más importante, algo de lo que ya hemos hablado alguna vez en este blog, y que damos por sentado: El agua.

Quizás creáis que es algo obvio pero a menudo subestimamos como el acceso al agua y el garantizar su consumo construyen la ciudad. Pensad un momento en los acueductos romanos, por ejemplo, que son construcciones titànicas y que aún perduran en muchas ciudades de Europa. No son como las piràmides o las catedrales, monumentos a la fe o a las instituciones. Los acueductos son monumentos a la persistencia por sobrevivir en un lugar, por expandir una ciudad, y podemos encontrar más ejemplos en casi todas las ciudades del mundo, pero hoy os explicaré uno de Barcelona.

Barcelona ha sido siempre una ciudad sedienta. Desde que la pequeña Barcino, la ciudad romana, empezara a expandirse, los ríos de los que disfruta siempre han aportado lo justo o lo insuficiente a sus habitantes. El agua que entra en la urbe no solo se utiliza para el consumo, como ya sabréis, y ya en la edad media gran parte de esta agua movía los molinos de harina y de la indústria peletera.

La cuenca del Rio Besos ha sido una de las principales fuentes de agua de la parte superior de la ciudad. Fijaos especialmente en la población de Montcada i Reixac y su cercanía a Barcelona.

Las minas de Collserola, la montaña que envuelve a Barcelona, fueron también una fuente de agua durante muchísimo tiempo, pero a finales del siglo XVIII, casi llegada la revolución industrial, la situación era ya dramàtica, y durante la sequía de 1776 se tomo la determinación de abrir una mina de agua en Montcada.

Estas minas consistían en galerías excavadas bajo el lecho del río Besos, ya que el terreno de este lecho era muy permeable y facilitaba la filtración de la mayoría del agua. La solución pasaba pues por extraer todas estas aguas subterràneas y llevarlas a la ciudad. Las minas de Montcada fueron explotadas, ampliadas, ampliadas otra vez, bombeadas y expandidas a lo largo de los siglos XIX i XX para satisfacer la pantagruélica demanda de Barcelona.

Pero el agua que necesitaba la ciudad no solo tenía que ser abundante, también tenía que tener bastante fuerza para mover los molinos de las diferentes industrias que se beneficiaban de la energía hidráulica. De manera que este agua se hacía subir hasta cotas cada vez más altas, para que cayera con la fuerza suficiente a lo largo de su recorrido.

Hasta 1919, Barcelona tampoco disponía de un sistema de desinfección del agua. Dadle un par de vueltas a eso: hasta bien entrado el siglo XX, el agua de Barcelona se distribuía sin desinfectar. Afortunadamente, la filtración del sedimento en las minas eliminaba gran parte de los patógenos del agua, pero no fué suficiente para evitar la epidemia de fiebre tifoidea que asoló la ciudad en 1914 (en muchas fuentes encontrareis que fué una fiebre de tifus, pero el tifus lo contagian las picaduras de parásitos como garrapatas y pulgas, así que no tiene nada que ver con la desinfección del agua).

Y aquí es donde os quiero hablar de un edificio singular, testimonio de toda esta historia.

En lo más alto del barrio de Nou Barris, en unas de las àreas más marginales de Barcelona, en la misma falda de Collserola, podemos encontrar una construcción de arquitectura modernista que destaca entre el resto de edificios de aspecto basto y sencillo. Se trata de la Casa del Agua de Trinitat Vella.

La Casa del Agua de Trinitat Vella con su aspecto actual. Después de dejar de funcionar como elemento de gestión hídrica, albergo unos pequeños huertos urbanos para los habitantes. Actualmente esta remodelada y la SCEA la gestiona como espacio de Educación Ambiental.

Este edificio Modernista se construyó en el 1919, una época en la que Barcelona estaba finalizando su expansión más rápida, que daría lugar a l’Eixample (o Ensanche) en el centro de la ciudad, pero por aquel entonces, Nou Barris aún no existía y el àrea donde se construyó la Casa del Agua estaba escasamente urbanizada.

La epidemia de fiebre tifoidea de 1914 de la que os he hablado antes fue consecuencia de que las aguas de las Minas de Montcada eran portadoras de las bacterias de esta enfermedad, debido a contaminación por heces. La corriente higienista ya había llegado a España y se tenía muy en cuenta en las decisiones urbanísticas, como en la creación de un sistema de alcantarillado eficiente y también tuvo que ver en la decisión de edificar la Casa del Agua.

Este nuevo edificio no solo proporcionaba una nueva entrada de agua a la ciudad a una cota de altura muy superior a la que se disrutaba hasta entonces (pasando desde los 18 hasta los 50 metros), también fué la primera estación de cloración y desinfección de aguas urbanas de la ciudad de Barcelona, y sirvió a su cometido durante casi todo el siglo, hasta el año 1989.

Actualmente el edificio de la Casa del Agua de Trinitat Vella se conserva como equipamiento de educación ambiental gestionado por la Sociedad Catalana de Educación Ambiental (SCEA) desde este mismo año. Su preservación es importante no sólo por su importancia histórica y valor arquitectónico, sino por el gran valor que ha tenido siempre para los habitantes de Nou Barris.

La Casa del Agua aún conserva los depósitos de cloración, la mayoría del sistema de cañerías y un paseo subterràneo hasta la casa del agua del barrio vecino. Y en lo más profundo, un depósito de miles de metros cúbicos completamente restaurado.

Sí, yo también me lo he preguntado ¿Como te las apañas para perder durante decadas algo de este tamaño?

Hay más sobre la historia de la gestión del agua en la ciudad que podéis aprender en la Casa del Agua, como la historia del Puente de los Tres Ojos que formaba parte del paisaje del barrio y desapareció durante décadas para ser reencontrado de nuevo durante unas excavaciones. Os animo a que visiteis este espacio y conozcais las actividades que se realizan en este edificio bellísimo y lleno de historia.

Conociendo la historia de la Casa del Agua conocemos hasta que punto el agua ha dado forma a la ciudad. La historia de sus gentes y sus industrias que, como la misma ciudad, siempre han estado sedientas.

Fuente:

La Casa de L’aigua de Trinitat Vella. Barcelona i les captacions municipals en Montcada. Manel Martín i Pascual

Las ciudades que mataban a sus ciudadanos.

Si echamos la vista 150 años atrás para contemplar cómo eran nuestras ciudades, es muy probable que pronto empecemos a estremecernos cuando nos expliquen cómo era vivir en una ciudad sin cloacas, donde la gente convivía con todos los desechos y que hoy viajan bajo tierra, sin ser plenamente conscientes de cómo esto afectaba a su salud y la de sus seres queridos. Desde la perspectiva que nos da el tiempo, podemos ver la catástrofe sanitaria que representaba y relacionarlo con las epidemias de cólera que se cobraron millones de víctimas hasta bien entrado el siglo XIX. ¿Cómo podían (nos preguntamos) convivir con esa pestilencia? ¿Cómo toleraban la mala olor, la insalubridad, y el peligro constante de muerte que representaba esa situación? Los peligros de convivir con las aguas residuales se conocían ya a principios del siglo XIX, y sin embargo no fue hasta 1891 cuando Barcelona puso en marcha la construcción del alcantarillado, por poner un ejemplo.

Es muy probable que de aquí a 150 años o menos, las generaciones se hagan las mismas preguntas sobre nosotros y sobre cómo podemos tolerar, aceptar y convivir en nuestras ciudades el tráfico rodado.

A menudo cuando se habla del tráfico rodado y de sus impactos nos referimos a ellos como contaminación atmosférica. Se habla de los gases de efecto invernadero que libera la quema de combustibles fósiles y de otros gases que respiramos y, de alguna manera, todo queda resumido como una amenaza al “medio ambiente”, eso que visitamos en fin de semana, en primavera, y donde podemos dejar libres a nuestros perros. Pero la realidad es que cuando hablamos de los efectos nocivos del tráfico rodado no estamos hablando de un tema ecológico, sino de un problema de salud pública.

La contaminación atmosférica producida por el tráfico contiene diferentes compuestos: los óxidos de nitrógeno (NOx), óxidos de azufre, las partículas sólidas y compuestos aromáticos son los principales y más relevantes. Por supuesto, también produce dióxido de carbono, pero este compuesto es producido por muchísimas otras fuentes y además es asimilable por los organismos, como las plantas. El resto de compuestos, sin embargo, solo se encuentran en las atmósfera por culpa de la actividad humana. Todos estos productos han provado su toxicidad en diversas ocasiones, y son muchos los estudios que establecen relaciones entre los altos niveles de contaminación atmosférica y un riesgo más elevado de asma, cáncer o incluso obesidad infantil.

Los efectos nocivos de convivir con los automóviles no se reducen solo a tener que respirar su emisiones, si no a soportar también el ruido que generan, aumentando los niveles de estres de la población,  y a renunciar al espacio público, lo cual favorece el sedentarismo. Hay que tener en cuenta que, cuando se habla de los peligros para la salud pública, no se habla de la salud de una persona joven, sin patologias, con medios económicos y un iphone en el bolsillo. Todos estos efectos atacan con más fiereza a aquellos sectores de la población más sensibles: niños pequeños, ancianos, personas con problemas de salud crónica o en situaciones económicas precarias. Lamentablemente, aquellos que más dificil lo tienen para expresar sus necesidades.

Número de muertes en todo el planeta relacionadas con la contaminación atmosférica. La mayoria de estas muertes se producen en China y en la India, las regiones con más polución del planeta.

Pero aún hay más, el tráfico rodado dentro de la ciudad no solo envenena el aire que respiramos, también representa un riesgo de accidente para todos los ciudadanos: los que van en vehículo o los que van a pie. El año pasado en barcelona se registraron 9330 accidentes con víctimas de diferente gravedad, y los peatones suelen estar en esa lista mucho más a menudo. Las calles se han convertido, pues en espacios de cierto riesgo, especialmente para los más pequeños, a los que se recluye en casa para protegerlos de, entre otras cosas, los peligros de la carretera.

Pero a parte de tirarle piedras a los coches, ¿a qué viene todo esto? Pues viene a que vemos como cogen fuerza en Europa muchas iniciativas que tienen como objetivo expulsar a los coches de combustibles fósiles de las ciudades. Cuando menos, liberar aquellas zonas más transitadas de tráfico para que el peatón pueda recuperar la calzada para su uso. Un siglo de historia urbanística ha demostrado que aumentar los kilómetros de carretera no hace que el tráfico sea más fluido ni ayuda a la descongestión, sino que hace que el número de conductores aumenta y ocupe todo el espacio disponible, como un gas en un globo. Así que la solución al problema del tráfico está siendo mucho más agresiva y pasa por eliminar caminos, cerrar espacios al tráfico y, en definitiva, hacer que tener meterse en coche por la ciudad sea un infierno.

Este es el area Ultra Low Emissions planeada para ser puesta en marcha en Londres en 2020. Por si os lo preguntais, es tan grande como la ciudad de Barcelona. En este area se aplicaran restricciones a aquellos coches que no sean de emisión cero.

Esto ha provocado que muchos sectores reaccionen contra estas propuestas, especialmente los usuarios de automóviles pero, sobre todo, aquellos que tienen intereses en esta industria. Estos ataques van en diversas direcciones:

Se argumenta que expulsar gran parte del tráfico del centro de las ciudades perjudicará seriamente el comercio. Sin embargo, en las ciudades donde estas medidas se han puesto en marcha, el comercio ha crecido por la sencilla razón de que los ciudadanos han recuperado la ocupación del espacio urbano y, con ello, el acceso a las tiendas.

Otro ataque a estas medidas es que la contaminación de los automóviles no estará en las ciudades pero si fuera de ellas, y por lo tanto solo estaremos moviendo el problema y no solucionandolo. Si habéis leído hasta aquí, imagino que ya sabéis porque este argumento no tiene validez: lo importante de expulsar a los automóviles de la ciudades es que sus habitantes no tengan que convivir con las emisiones de estos, preservando su salud.

Y, por supuesto, llegamos al peliagudo asunto de las alternativas al transporte privado: el transporte público. Los estudios realizados sobre este tema han destacado relaciones directas entre la disminución del uso de automóviles y la existencia en las ciudades de un sistema de transporte público eficaz, de forma nada sorprendente. Y esta infraestructura todavia no esta realizada en algunas de las ciudades más importantes, lo cual provoca la demanda de un sistema de transporte público eficaz antes de la expulsión de los coches urbanos. Pero esto no va a pasar.

La evolución de las ciudades de Europa lleva una dirección muy clara y ya vamos tarde. La expulsión de los coches va a ser cada vez más evidente y, si tenemos suerte, se hará en paralelo al desarrollo y mejora de los sistemas de transporte público.

Estos cambios van a dar forma a las ciudades y también a la vida de sus habitantes. Desde nuestro punto de vista puede parecer que los cambios son demasiado drásticos o costosos como para que valgan la pena, y no faltarán detractores que afirmen que son cambios inútiles, o que la salud de los ciudadanos está bien como está. ¿Pero acaso alguno de ellos renunciaría, 150 años después a disfrutar de las cloacas?

La esperanza de las abejas: El Urbanismo

Seguro que a estas alturas ya os habéis enterado de que las abejas del mundo están desapareciendo, y también de que esto será un gran problema para los ecosistemas de todo el planeta, incluidos aquellos que necesitamos para subsistir como sociedad. Quizás incluso os hayan explicado que la expansión de las ciudades tiene gran parte de culpa en todo este asunto. Pues hoy os vengo a explicar que las ciudades y sus ciudadanos pueden ser la gran esperanza de las abejas.

Hace un tiempo nuestra compañera Maria Blasi nos explicaba con detalle el problema de la desaparición de las abejas en un post interesantísimo y que os recomiendo. De este post, y con el permiso de mi compañera, rescataré unos cuantos conceptos que nos serán muy útiles para entender lo que pasa en las ciudades con las abejas:

  • Hay muchas especies de abejas diferentes, y muchas de ellas tienen comportamientos distintos.
  • Hay abejas que viven en comunidad y otras que son solitarias, así que no todas viven en colmenas ni forman sociedades.
  • Las abejas pueden vivir en colmenas, pero también en agujeros en el suelo, o en cavidades de cualquier tipo. A menudo suelen aprovechar las madrigueras que han hecho otros animales.
  • Algunas abejas son muy tiquismiquis a la hora de polinizar y prefieren un tipo de flor determinado, mientras que otras son generalistas, o sea que recogerán el néctar de cualquier flor que lo permita.

Todas estas especies de abejas las podéis encontrar en un paseo campestre de domingo, pero ¿Qué pasa en la ciudad? ¿Hay abejas urbanitas? eso mismo se plantearon los investigadores de los artículos que citaremos hoy. Con tanta abeja diferente, a alguna le tiene que gustar la ciudad ¿no?

Pues según los experimentos realizados en Nueva York en 2013 parecía que estaba claro que, al adentrarnos a na ciudad desde su periféria, a medida que aumentaba el nivel de urbanización, menos abejas íbamos a encontrar. O sea que, en la ciudad, ni abejas ni tomates que sepan a tomate.

Pero unos años después, en Chicago, EE.UU., y en Poznán, Polonia, dos equipos de investigadores repitieron estos experimentos con el objetivo de desmentir estas afirmaciones. Lo hicieron con metodologías muy parecidas, recogiendo muestras en diversos sitios de la ciudad, con diferentes grados de urbanización y densidad de habitantes. Y en cada uno de estos puntos hicieron capturas de abejas anotando siempre la especie recogida.

También se tuvo en cuenta la diversidad de plantas en cada área y las características de estas, puesto que en una ciudad puedes encontrar plantas autóctonas pero también algunas que vengan de la otra punta del mundo.

 

 

Mapa de estudi de Chicago. El degradado en gris representa la densidad de población y los puntos negros los contajes de abejas. En la imagen ya se aprecia lo que los aálisis estadísticos confirmaron: A més densidad de pobñación, más capturas de abejas.
Mapa de estudi de Chicago. El degradado en gris representa la densidad de población y el grosor de los puntos negros los contajes de abejas. En la imagen ya se aprecia lo que los análisis estadísticos confirmaron: A más densidad de población, más capturas de abejas.

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Por qué esto del cambio climático, en realidad, te la pela un poco.

El cambio climático no nos preocupa. Debería, por supuesto. La comunidad científica lleva ya más de dos décadas avisando de los peligros catastróficos que se ciernen sobre nosotros y algunos de ellos han empezado a notarse de forma cada año más evidente. Y, sin embargo, partidos políticos que niegan la existencia del cambio climático ganan la confianza de gran parte de la población, como hemos visto en EEUU. Y para no irnos tan lejos, en España se coloca en el poder a una formación que pone trabas a las alternativas energéticas que nos ayudarían a combatir la emisión de gases de efecto invernadero. Pero es que además estas peligrosas políticas ambientales son ninguneadas en los debates políticos, porque tampoco hay nadie que pregunte por ellas con la suficiente insistencia. Aceptémoslo: esto del cambio climático, así en general, nos la trae un poco al pairo.

Pero ¿por qué? ¿No estamos lo bastante informados? ¿Tenemos otras cosas en la cabeza? ¿Acaso tenemos un afán autodestructivo colectivo? La respuesta tiene muchos aspectos a repasar y los estudios que se han ocupado del tema han resaltado algunos de ellos.

Evolución de búsquedas de los términos cambio climático (azul) y aire acondicionado (rojo) entre 2011 y 2015. Seguro que identificáis pronto los 4 veranos del intervalo. Parece que el calor afecta gravemente a la conciencia ambiental.
Evolución de búsquedas de los términos cambio climático (azul) y aire acondicionado (rojo) entre 2011 y 2015. Seguro que identificáis pronto los 4 veranos del intervalo. Parece que el calor afecta gravemente a la conciencia ambiental.

Lo que le pasa a los demás

Un estudio en Reino Unido recogió la opinión de los ingleses sobre el cambio climático. En concreto, se quería evaluar el conocimiento que se tenía de este fenómeno y si los encuestados sentían que tenían poder para influir sobre él. Se preguntó también si consideraban que el cambio climático era un problema que les fuera afectar directamente o, por el contrario, no lo acabarían notando. Había, sin embargo, dos grupos entre los habitantes encuestados: los que habían sufrido de cerca una inundación estacional, y los que no.

Es cierto que las inundaciones no se pueden atribuir directamente al cambio climático como causa única, pero diversos modelos han predicho el aumento de estos fenómenos con la elevación de las temperaturas y, ciertamente, son cada vez más comunes es países con la climatología del Reino Unido. Así pues, se quería saber cómo percibían el cambio climático aquellos que habían sido directamente afectados por él, respecto a aquellos que no lo habían sufrido, al menos conscientemente.

Y ¿Qué creéis que pasó? Pues que las personas que habían sufrido inundaciones en sus propias carnes estaban más dispuestas a aceptar la existencia del fenómeno del cambio climático, y también a aceptar que este les podía afectar directamente. No solo eso, sino que también consideraban que ellos tenían poder para influir sobre el cambio climático, de forma negativa o positiva. La investigación concluía que aquellos que habían padecido una inundación incluso estaban más dispuestos a cambiar sus hábitos a unos más respetuosos con el medio ambiente.

La imagen típica del cambio climático. Muy bonita y dramática, pero difícil de relacionar con el clima y fauna mediterránea.
La imagen típica del cambio climático. Muy bonita y dramática, pero difícil de relacionar con el clima y fauna mediterránea.

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Cuando la lluvia nos supera. La defensa oculta de Barcelona.

Ya estamos metidos de lleno en otoño (aunque este año está costando lo suyo), y como cada otoño las lluvias nos han cogido desprevenidos, han colapsado pueblos y ciudades de Cataluña e incluso hemos tenido que lamentar pérdidas humanas. ¿Tan obtusos somos para que nos sorprenda cada año un fenómeno tan cotidiano como la lluvia? ¿Es que no estamos preparados ni para algo tan banal? ¿Porque nos pilla siempre desprevenidos? Pues la respuesta empieza en analizar nuestro querido clima: el clima mediterráneo.

El clima mediterráneo es el que disfrutamos en la costa occidental de la península, el responsable de nuestro duradero romance con los turistas cada verano, y el que gozamos en la ciudad desde la que escribo: Barcelona. Este clima es particular porque durante el verano provoca sequías generalizadas en toda Cataluña, mientras que las lluvias se concentran en otoño, con algunas precipitaciones en la primavera. Y cuando digo “concentra” no es una metáfora literaria, quiero decir que hasta el 40% de la lluvia de todo un año puede llegar a concentrarse en 2 ó 3 días de otoño. Eso es mucha agua.

Y esto es algo especialmente problemático cuando tenemos una ciudad pavimentada con un suelo incapaz de absorber el agua como lo haría la tierra del bosque, lo que nos lleva a la pregunta: ¿a dónde va toda esa agua? Pues a las cloacas, claro, donde acaba toda el agua de la que nos queremos deshacer. Pero las cloacas tienen un volumen limitado, y cada otoño la lluvia supera ese volumen, lo que en el pasado ha provocado inundaciones en la ciudad, daños materiales, e incluso ha llegado a cobrarse cientos de vidas.

Consecuencias del temporal y las inundaciones del otoño de 1926 en la ciudad de Sant Boi del Llobregat. Cientos de personas murieron durante las inundaciones y otras tantas desaparecieron.

En Barcelona hace ya años que no sufrimos inundaciones tan graves, y no es porque llueva menos, es que bajo nuestros pies se han construido unas instalaciones que poca gente conoce y que nos protegen de las inundaciones. Hablo de los depósitos de aguas pluviales. Estas construcciones son tanques capaces de almacenar miles de metros cúbicos de agua en su interior. Son instalaciones que silenciosamente nos ahorran disgustos y desgracias cada otoño y que protegen el mar y la costa de contaminantes y desperdicios, evitando desastres medioambientales como los que hace unas décadas se daban año sí y año también. Así que vamos a conocerlos un poco más y a aprender cómo funcionan.

El Deposito Regulador de Aguas Pluviales de Joan Miró tiene una capacidad de 55.000 metros cúbicos. Las columnas que veis en la foto tienen 17 metros de altura. Todo el complejo se encuentra debajo del parque de Joan Miró, cerca de plaza España.
El Deposito Regulador de Aguas Pluviales de Joan Miró tiene una capacidad de 55.000 metros cúbicos. Las columnas que veis en la foto tienen 17 metros de altura. Todo el complejo se encuentra debajo del parque de Joan Miró, cerca de plaza España.

Los depósitos de aguas pluviales se pasan la mayor parte del tiempo vacíos esperando a que llueva. En ese momento, las aguas del sistema de alcantarillado se desvían para transportar el agua hasta estos depósitos, donde se acumulará hasta que pare la lluvia. En ocasiones, estos depósitos han llegado a estar por encima del 95% de su capacidad, pese a su impresionante volumen. Cuando deja de llover, el depósito empieza a liberar el agua de nuevo a la red de alcantarillado, para que siga su recorrido.

El agua que se almacena no se aprovecha porque el sistema de recolección de aguas de Barcelona es unitario, es decir, que mezcla las aguas pluviales con las fecales. Y ¿Dónde creéis que irán estas aguas después de todo su recorrido? Pues a las depuradoras, donde acaban siempre las aguas de las cloacas, que limpiaran el agua hasta liberarla de contaminantes y poderla verter de nuevo al mar. Y por supuesto estas depuradoras también tienen capacidad finita, por lo que el depósito liberará el agua a la red a un ritmo adecuado para prevenir la saturación. Si el volumen de agua en las alcantarillas superara la capacidad de las depuradoras estaríamos ante un riesgo de inundación en la ciudad, y no habría más remedio que liberar las aguas fecales al mar directamente, con las consecuencias medioambientales nefastas y bastante asquerosas que os podéis imaginar.

Quedan explicadas, pues, las principales funciones de estos depósitos: proteger la ciudad de las inundaciones otoñales que tantas veces han castigado la ciudad, y evitar el vertido de aguas fecales al mar, acumulándolas hasta que las depuradoras pueden tratarlas adecuadamente.

No obstante, hay que tener en cuenta que en la red de alcantarillado el agua fluye en un único sentido, de montaña a mar. Así que cuando llueve en las zonas de la ciudad más cercanas a costa difícilmente se podrá dirigir esa agua a ningún depósito, por lo que no hay más remedio que liberar cierta cantidad de agua al mar. Así que no recomendaría pegarse un baño en la Barceloneta después de estos días de tormenta. Bueno, por lo que pueda pasar, en la Barceloneta no lo recomendaría nunca.

Barcelona tiene actualmente 11 depósitos en funcionamiento. La mayoría de ellos tienen como función principal prevenir inundaciones, mientras que unos pocos están dedicados exclusivamente a prevenir las descargas del sistema de cloacas al mar (anti-Descargas del Sistema Unitario, o anti-DSU). Aunque muchos tienen cumplen ambas funciones de forma inevitable.

Deposito de regulación de aguas pluviales de la Estrella, en Badalona.

Por cierto, en la ciudad de Barcelona estos depósitos funcionan de forma inteligente, activándose de forma autónoma cada vez que llueve, bajo supervisión de los técnicos, por supuesto. Si os interesa el tema, además, podéis acudir a una visita guiada por el depósito de aguas pluviales de Joan Miró, bajo el parque de Joan Miró, cerca de plaza Espanya, donde aprenderéis mucho más sobre el mundo que hay bajo nuestros pies.

Este artículo no acaba ni de lejos de explicar todos los entresijos que oculta la red de alcantarillado de Barcelona, como la de cualquier otra ciudad, pero espero que la próxima vez que caiga una lluvia torrencial os venga la mente la imagen de toda esa lluvia corriendo por el subsuelo, controlada y apaciguada por un complejo sistema que nos protege en silencio.

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Los demonios de un Educador Ambiental.

Quizás aquellos que se dedican a la educación ambiental, o a la enseñanza en cualquiera de sus formas, puedan recordar algún momento durante sus clases en el que pensaran “¿Hago bien enseñando esto?”. Yo, desde luego, lo he pensado más de una vez.

Educación ambiental en un clima neoliberal

La educación ambiental ha sido durante años un baluarte de defensa del medio natural. Para aquellos que no estén familiarizados con este mundo, debéis saber que la educación ambiental no pretende defender solo la naturaleza, pues durante los últimos años el término “ambiente” se ha extendido y actualmente abarca todo el entorno que nos rodea. Así pues, el libro de la Educación Ambiental, si es que existe tal cosa, se ha ido ampliando con capítulos como la ecología urbana, el consumo responsable, la apreciación del patrimonio cultural, la salud en las relaciones interpersonales y todos aquellos aspectos que tengan que ver con cómo interactuamos con nuestro medio de una forma positiva. Unas enseñanzas, no me negareis, muy valiosas y que tienen poco protagonismo en el currículo oficial de enseñanza. Esta educación forma parte de la llamada “educación no formal”, la que no entra en el temario de las escuelas, aunque el objetivo final es que acabe siendo integrada dada su gran importancia para el desarrollo de los ciudadanos.

Pero esta educación ambiental ha crecido y se ha desarrollado en el entorno del siglo XX, que ha estado marcado, especialmente en el hemisferio norte occidental, por políticas neoliberales propias de un sistema capitalista. Estas políticas han sido indiscutiblemente destructivas para los ecosistemas naturales y las especies que las habitan, han arrasado también cuando convenía con nuestro patrimonio cultural y, por supuesto, también han afectado a la forma de relacionarnos unos con otros. Todo ello para asegurar el crecimiento de la sociedad que, no olvidemos, nos ha permitido llevar el tren de vida actual, tener nuestras necesidades básicas cubiertas e incluso poder debatir sobre ellas a tiempo real en internet. Al menos a algunos de nosotros.

La educación ambiental también se ha adaptado a este medio neoliberal, en parte, para poder sobrevivir y mantenerse lo más cerca posible de los currículos oficiales. Así, por ejemplo, en las escuelas ya se imparten lecciones sobre gestión de residuos desde la más tierna infancia. Seguro que os suenan las 3 R’s: Reciclar, Reducir y Reutilizar. Sin embargo, la R protagonista de la gran mayoría de actividades y talleres dirigidos para cualquier edad es la tercera: Reciclar. Desde el punto de vista de la relación óptima con el entorno, tiene mucho más sentido frenar nuestro consumo, especialmente el de envases, y también alargar la vida de los productos que creamos, pero las otras dos R’s están enfrentadas con el principio básico de los sistemas liberales: el crecimiento continuo de los Mercados y, por lo tanto, el crecimiento continuo del consumo.

Una pequeña experiencia para ilustrar el caso. (Google)
Una pequeña experiencia para ilustrar el caso. (Google)

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Divulgación con la imagen: 3 gráficos que cambiaron el mundo

Hoy quiero hablaros de un tema al que recientemente le he dedicado mucho tiempo:la comunicación gráfica.

Me gustaría que pensarais en todos aquellos documentos que se hacen “virales” y que se repiten en nuestras redes sociales. ¿Cuántos de ellos son textos? ¿Cuántos son solo audios? ¿porque todo el mundo comparte la misma imagen? Los humanos somos animales visuales. La mayor parte de la información que recibimos proviene de la vista, y el resto de sentidos están siempre listos para completar esta información.

Por si fuera poco, los medios informativos tienden a ser cada vez más visuales, a incorporar más gráficos y a procesar más la información para que llegue rápidamente al lector. Este hecho se puede usar y se ha usado con malas intenciones en más de una situación, pero en mi campo, la educación, representa una manera de enseñar con un sinfín de posibilidades. Y por extensión, tenemos que plantearnos que posibilidades nos ofrece el diseño en la divulgación.

En Alcorcón están supercontentos porque por cada 6.000€ de hace nueve años, les dan 12.000€.

Pero los gráficos pueden hacer cosas maravillosas por aquellos con un mensaje importante que transmitir. Os presentaré 3 ejemplos de gráficos que ayudaron cambiar el mundo.

El barco Brookes

La disposición de los esclavos dentro del barco Brookes. Fuente: wikipedia

Nos situamos a finales del siglo XVIII. El comerció triangular lleva más de dos siglos traficando con esclavos africanos entre Inglaterra y las Américas, pero un movimiento abolicionista gana fuerza en Inglaterra. En la ciudad británica de Plymouth, la División para la Abolición de la Esclavitud publicó este diagrama el año 1788. En él podemos observar a 454 personas apiladas en el barco de esclavos Brookes, que se dedicaba a este comercio triangular.

La poderosa imagen se hizo famosa y fue esgrimida por los abolicionistas para que los ciudadanos de Inglaterra entendieran las horribles condiciones a las que se sometía a los esclavos.

Sin necesidad de mostrar imágenes censurables o de torturas y sufrimiento, el “diagrama de Brookes” causaba el horror de aquellos que lo veían y pronto se convirtió es un símbolo del abolicionismo que, en 1807, ano la batalla contra el comercio de esclavos legalizado en gran Bretaña.

La rosa de Nightingale

La Rosa de Nightingale. Fuente: wikipedia

Florence Nightingale era enfermera durante el siglo XIX y atendió a los soldados durante la guerra de Crimea, en la India. Florence tuvo oportunidad de recopilar multitud de datos a lo largo de su estancia en el campamento, entre ellos, la causa de muerte de los soldados.

Muy ducha en el manejo de los números, elaboró un gráfico totalmente novedoso para la época en el que representaba con color rojo las muertes por heridas de guerra; en negro, otras causas; y en azul, enfermedades perfectamente prevenibles o tratables para la época pero que, en las deplorables condiciones sanitarias con las que se encontraba Florencia, causaban la muerte de los soldados.

Solo hace falta echar un vistazo rápido a la imagen para ver el drama que refleja. El Parlamento Británico ordenó de inmediato la formación de una comisión con el objetivo de mejorar las condiciones sanitarias en las que trataban a los soldados de Crimea.

El mapa de Jonh Snow

El mapa del doctor Snow. Los puntos representan las muertes por cólera y las cruces, las bombas de agua de las que se abastecía la población. Fuente: wikipedia.

En 1854, de nuevo en Londres, un brote de cólera azotaba a la población por tercera vez cobrándose varias vidas. Jonh Snow ejercía como médico muy cerca del epicentro y tenía una teoría: que la causa del cólera era la ingestión de aguas contaminadas.

Por aquel entonces, la mayoría de la gente obtenía el agua mediante bombas repartidas por la ciudad. Dispuesto a probar su hipótesis, Snow marcó en un mapa de Londres el domicilio de todos los fallecidos por el cólera y obtuvo este mapa. Y justo en el lugar donde el número de afectados era mayor había, oh sorpresa, una bomba de agua de la que los ciudadanos se abastecían. Armado con su mapa, convenció a las autoridades de que deshabilitaran la bomba.

Snow notó también que dos edificios que se encontraban dentro del àrea de brote parecían ser ajenos a la enfermedad. Uno de ellos era un hostal para los más desfavorecidos que, como descubrió el doctor, bebían de un arroyo particular, de manera que solo uno de sus 500 hospedados falleció. El otro lugar era una cervecería, y los trabajadores de esta, desconfiados del agua de la bomba, bebían solamente cerveza. ¡Reid todo lo que querais, pero eso les salvó la vida!

Un lenguaje leído por muchos y hablado por pocos

Detrás de todos estos ejemplos hay un investigador decidido a recopilar datos, y con la necesidad de comunicarlos, de hacerlos seductores y convincentes. Nightingale, Snow o los abolicionistas podrían hicieron correr ríos de tinta explicando porque estaban en lo correcto, y lo estaban. Pero no fueron sus textos los que ganaron la batalla, ni los que pasaron a la historia, fue su capacidad para crear una imagen que no pudiera ser ignorada.

Actualmente asociamos el diseño a una cuestión estética, un adorno prescindible. La realidad es que la imagen es nuestra arma más poderosa para divulgar y comunicar. Y también es cierto que, debido al trato deplorable que se le da en las escuelas a las artes plásticas, la mayoría de la población no sabe comunicarse mediante el lenguaje visual, pese a que reciba por esta vía casi toda la información que utiliza en su día a día. Nuestra sociedad es analfabeta visual, porque no sabe utilizar las herramientas gráficas como el color, las tipografías o el equilibrio visual para comunicarse. Y si algunos medios de comunicación consiguen engañarnos, como en el ejemplo que he mostrado al inicio de este artículo, es precisamente por eso.

Nunca lo hemos tenido tan fácil para crear imágenes de calidad y poder difundirlas. Ahora, comunicadores, debemos aprender a hablar un idioma a la altura de nuestro mensaje.

¿Qué es lo que tu crees que debería saber la gente? Y para entenderlo, ¿qué deberían ver?