¿Vale la pena hacer un doctorado? (parte 1)

Desde que empezamos a estudiar una carrera dedicada a la ciencia nos hacen creer que una vez tengamos un doctorado, tendremos trabajo asegurado como investigadores. Pero, ni el trabajo está asegurado, ni es demasiado fácil conseguir el título de doctor.

En este post os voy a explicar historias. Historias reales, sobre estudiantes reales de doctorado. Con esto no quiero decir que todas las historias sean iguales. Simplemente quiero exponer algunos casos para que, aquellos que estén perdidos, decidiendo sobre hacer o no un doctorado, y sin ánimo de desalentarles, tengan en cuenta los problemas que pueden ocurrir y busquen así la vía que les parezca más segura.

 

Mi historia (Biología, Expediente académico: Notable (8)).

Yo me licencié en Biología allá por el  2011. En 2012 hice mi primer máster en Biodiversidad Animal, con el objetivo de hacer un doctorado. Hice un proyecto propio para mi trabajo de final de máster (tfm), en el que colaboré con una institución externa a la universidad donde realizaba el máster.

Error. Grave error.

Aunque mi trabajo obtuviera muy buenas calificaciones (desmejoradas por el hecho de ser externo a la universidad) y lo realizara en una institución importante (un museo en el que además realizan investigación), me encontré con que, cuando acabé el máster, no conocía a ningún profesor con proyectos de investigación abiertos.

Colaboradores y Patrocinadores
Becas hay de muchos tipos, pero las más conocidas en España son las Ayudas para la Formación de Personal Investigador o FPI (asociada a un proyecto), y las becas para la Formación de Personal Universitario o FPU (asociada a un estudiante), otorgadas por el Ministerio de Educación y Ciencia.

Todos sabemos que con la crisis, en España se hicieron muchos recortes, y claramente las becas no estaban exentas de ellos. Pues bien, la solicitud de las becas de 2011 se atrasó tanto que coincidió con las de los estudiantes de máster de 2012, pero con el “pequeño” impedimento de que los estudiantes de 2012 todavía no teníamos suficientes créditos cursados como para pedir la beca.

Con este problema, si no tenías contacto con algún grupo de investigación con suficiente soporte económico como para contratarte hasta que salieran las siguientes becas, la única alternativa era empezar el doctorado sin beca. Yo lo intenté, fui puerta por puerta, pero ningún profesor quería “arriesgarse” a que no consiguiera beca el año siguiente y abandonara por falta de sustento económico. También hice entrevistas para proyectos abiertos, pero nada.

Finalmente me rendí y me fui al extranjero a probar más suerte. Allí tuve otro tipo de problemas, literalmente por “no cumplir los requisitos étnicos” y tras meses siendo explotada laboralmente, acabé regresando a casa.

En 2016 lo volví a intentar. ¡Esta vez no iba a dejar que me pasara lo mismo! En octubre de 2016 hice entrevistas junto a otros candidatos para grupos con una beca FPI. Todo parecía indicar que tenía muchos puntos para obtener una beca en uno de ellos e hice allí mi tfm. El 16 de diciembre de 2016 la beca para el proyecto de investigación fue concedida, con lo que el grupo esperaba la solicitud de beca para marzo de 2017.

La beca no salió hasta octubre de 2017, pero lo bueno era que finalmente nadie más había solicitado la plaza, así que ya era mía (¡bien!). En noviembre, tras casi un año en el departamento “de gratis” (porque, obviamente, mientas haces el tfm no cobras, de hecho, pagas una matrícula para trabajar un mínimo 8 horas al día), la universidad permitió a mi director que me contratara como técnico (resultó que la 155 estaba bloqueando mi contrato, pero bueno, ese no es el tema ahora), con el dinero de su propio departamento (yo, personalmente, he tenido la más grande de las suertes con mi director de tesis).

Mi contrato máximo de 6 meses expiró en mayo. Encima ha habido problemas con mi finiquito y no lo he cobrado todavía. Por suerte, con el nuevo cambio de gobierno las becas finalmente se han resuelto (dos meses más tarde de lo que la ley dice) y si todo va bien, en julio podré finalmente empezar mi doctorado de manera oficial.

 

“Si de esta beca no sale nada en claro para mi futuro en la investigación, no voy a volver a intentarlo” (Geología, Expediente académico: Notable (7))

Este es el caso de un licenciado que realizó el único máster en España con la especialidad que deseaba. En 2014, una vez acabado el máster y mientras conseguía una beca, empezó a colaborar con una doctorante, con la que publicó un artículo. Ese año salió una beca FPI en su especialidad. ¡Genial!

Pues no tan genial no. Resulta que para pedir dicha beca, le solicitaban la matrícula en el programa de doctorado de esa Universidad, papel imposible de conseguir para los estudiantes que finalizan máster en septiembre (la mayoría de masters presentan los tfm en septiembre). Primer intento frustrado. “No pasa nada, es el primer año, estas cosas pasan”. Así que siguió colaborando con su grupo de investigación de froma gratuita.

En 2015 salieron de nuevo las becas FPI. ¿Problema? Esa vez no había ningún proyecto en su especialidad. Probó en temas similares pero, como era de esperar, no consiguió la beca. Continuó colaborando con varios grupos de investigación sin recibir un salario.

En 2016 salió una beca FPI en su especialidad y en un grupo con el que comparte un artículo publicado. “Buscamos a un biólogo para este proyecto”.

Nuestro protagonista decidió entonces emprender un nuevo proyecto, esta vez en colaboración con su director de tfm, pero todavía sin cobrar por ello.

Llegamos a 2017, la convocatoria actual de becas. Esta vez han salido 3 becas FPI en su especialidad. Ésta es la suya, ¿no? Pues…

  • Opción 1: “buscamos a un matemático” – Descartada
  • Opción 2: piden un geólogo. El solicitante es el Dr. que dirigió su tfm y junto con el que lleva tiempo colaborando. – ¡Estupendo!
  • Opción 3: opción también interesante y accesible. – ¡Genial!

La cuestión es, que no se puede solicitar la beca para más de un proyecto. Te la tienes que jugar solo con uno. En este caso, la decisión parecía fácil. En la opción 2, el director le conoce, lleva tiempo colaborando con él y encima le ha puesto al tanto de los periodos de tramitación. ¿Aplicarias sin dudar no? Pues… Primera reserva.primerareserva.png9 artículos publicados, entre ellos 3 en revistas internacionales, participación en ponencias, colaboración con el director del proyecto, y aún así, primera reserva.

Aunque acaba de salir la resolución final de las becas FPI, esta persona sigue en reserva, pero con esperanza. Esperanza de que la persona escogida renuncie a la beca por alguna razón, esperanza de que, en caso negativo, le permitan colaborar financiando aunque sea el material del proyecto y acabar el doctorado sin beca, o finalmente rendirse y abandonar la investigación.

 

“¿Baja médica sin ser de maternidad?” (Geología)

Estudiante de doctorado en el que, según la entidad que paga su beca autonómica y el propio centro donde la realiza, está de baja médica, pero por alguna razón la universidad desconoce este hecho. ¿Problema? Han llegado las evaluaciones anuales de control de doctorantes y nuestro estudiante tenía su evaluación activa. Al intentar solucionar el error, los trámites online (los recomendados para este tipo de casos por la propia universidad) solo le permitían solicitar la baja por maternidad.

Finalmente entregó presencialmente por registro de entrada toda la documentación necesaria para el trámite. “Por suerte en mi centro me ayudan con la Burocracia”. Un mes después, la universidad se puso en contacto con su director porque no tenían registros sobre él. Tras la nueva comunicación informando de la referencia del registro de entrada, todavía no ha recibido respuesta. Supuestamente todavía debe presentarse a evaluación.

 

“Estuve una semana atrapado en mi apartamento, alimentándome a base de pan” (Biología, Expediente académico: Matrícula de Honor, premio Extraordinario)

Esta es la historia de I. G., quién se licenció con premio Extraordinario de su promoción junto a una preciosa Matrícula de Honor.

En 2012 quiso hacer el trabajo de final de máster con el Dr. A. y, aunque al principio éste “no aceptaba alumnos”, cambió de opinión al ver su expediente y darse cuenta de que I. G. podía conseguir una beca FPU. Esa beca va asociada al estudiante y el Dr. podría realizar un proyecto “gratis” para él.

Poco después le ofrecieron continuar allí el doctorado, pero I. G. tenía otras ofertas y pidió tiempo para pensarlo. Eso no gustó nada al Dr. y, tras ese día, su comportamiento hacia I. G. cambió drásticamente, empeorando con el tiempo y culminando con la negativa del Dr. a corregir el tfm de I. G. Debido a esto, I. G. acabó su proyecto individualmente, pero aún así, consiguió publicar un artículo junto a otra compañera.

Curioso que, 2 años más tarde, I. G. descubrió que a pesar de que el Dr. A., había descrito su trabajo como “una mierda de proyecto”, éste lo había presentado (sin permiso, obvio) a un concurso y ¡había ganado un premio con él! Además, el Dr. tuvo el descaro de quedarse el premio metálico (500€) y enviar el diploma por e-mail a I. G. “No es gran cosa, pero siempre es una pequeña línea más en el CV.”, le escribió.

cv.jpg

Ésta no era la primera vez que el Dr. se aprovechaba de sus estudiantes.

Después de esta experiencia tan agradable, en 2013, I. G. decidió optar por su otra oferta de doctorado. Hizo un nuevo máster y pidió una beca FPU. Este tipo de becas consta de dos fases, la primera evalúa al doctorante (claramente ésta no supuso ningún problema, debido al brillante expediente de I. G.), y la segunda analiza el proyecto. Desafortunadamente la beca fue denegada en la segunda fase.

Por suerte, ese proyecto estaba asociado con una entidad privada que decidió contratar a I. G. mientras conseguía otra beca. Pero cuando parecía que todo iba a salir bien, surgieron problemas que acabaron paralizando el proyecto. Además, su supervisora aceptó una plaza en el extranjero, abandonando a I. G. 6 meses y, aunque después le ofreció una nueva plaza, eso nadie podía saberlo entonces.

De nuevo en la búsqueda de grupos de investigación, I. G. no encontró ningún grupo de su especialidad con financiación suficiente como para pedir una beca pública de el Estado. Fuera de España, se encontró con que, o no aceptaban a extranjeros, o le aceptaban solo como voluntario.

En septiembre de 2014, finalmente encontró a una Dra. en U.K. que le ofreció pedir una beca con ella. Tras problemas encontrando una zona de estudio, en julio salió la resolución del proyecto.

En septiembre de 2015, I. G. por fín empezó el doctorado en la universidad inglesa. Tras una locura intentando organizar su bolsa administrativa, finalmente tuvo que pagar él el material y los vuelos a su destino de trabajo de campo en Sud América (más de 2000 libras), y esperar “supuestamente” hasta abril para el reembolso (que finalmente fue ingresado en julio).

En mayo de 2016, ya en Sud América, I. G. se encontró en una situación desesperante. La beca la cobraba cada 3 meses (el próximo ingreso le tocaba en julio), y el reembolso no llegaba, así que se quedó sin dinero. Pero no solo el tema económico fue una locura. Primero se encontró con un postdoc que le hizo la vida imposible en el lugar de estudio. Después dieron un golpe de estado en el país, declarando la universidad en huelga. Y, finalmente, ¡la zona de estudio se vio involucrada en un caso de corrupción!

Balanza.jpg

I. G. se quedó sin acceso a la universidad ni al lugar de estudio y sin recibir dinero por parte de la universidad inglesa. Sin poder trabajar, abandonado por su universidad, todos los días intentando solucionar temas burocráticos, sin dinero y en época de monzones, que le dejaron recluido en un “apartamento” sin acceso a internet. I. G. pasó por un infierno tan estresante que repercutió a su salud. Finalmente tuvo problemas con inmigración (por colapso del gobierno de allí) y tras pagar una multa por problemas informáticos (de nuevo de la administración), tuvo que volver a casa.

En enero de 2017, 6 meses después, I. G. buscó nuevos lugares de estudio mientras continuaba con su trabajo gratuitamente. Tras varios intentos, finalmente, encontró lugar de estudio en abril.

Esta vez los problemas fueron de gestión del centro. Su contacto no quería darle permiso para entrar por sí mismo a la zona de estudio (¡que además resultó ser de control militar!) y dependía de él para entrar y salir del centro. Además, su contacto le dejaba muy pocas horas para trabajar en el centro o directamente le abandonaba dentro, y si pedía ayuda a otros trabajadores, ¡se enfadaba y le amenazaba!

Además, para acceder a la zona de estudio I. G., igual que el resto de estudiantes, tenía que colarse por una valla “como un criminal” con todo su equipo de trabajo (muy pesado, por cierto) a cuestas y desplazarse por “una ladera de roca“. Y por si fuera poco, la mayoría de veces, al llegar se encontraba con que sus sujetos de estudio no estaban en el lugar.

Pero todo podía ir a peor. Uno de los equipos de trabajo de I. G. era muy grande y pesado y cuando el Ministerio de Medio Ambiente decidió reforzar la valla por donde se colaban, su contacto le dijo que podía dejarlo escondido en una de las instalaciones del lugar: “no pasará nada”. Pues… pasó. Los militares encontraron el equipo un día que I. G. libraba y, al no saber lo que era, ¡pensaron que era un objeto bomba! Lo desarticularon y, al descubrir a quién pertenecía, amenazaron a I. G. con arrestarle si volvía a suceder. Además I. G. seguía sin papeles que justificaran su presencia en la zona y, tras 6 meses de perder el tiempo, tuvo que abandonar el lugar de estudio.

El proyecto se paralizó de nuevo 3 meses.

Ahora, desde febrero de 2018, I. G. está en un nuevo lugar de estudio. También le ponen algunas trabas administrativas pero “almenos me dejan trabajar“.

 

“¡Ya soy doctora!” (Biología, Expediente académico: Excelente)

¡Felicidades, has conseguido sobrevivir al doctorado! Además, resulta que tienes una gran nota, has trabajado en varios continentes y tu expediente brilla.

Pues bien, cuando parecía que por fin todo había salido bien, otro choque con la realidad. Una vez acabado el doctorado, toca buscar post doctorado. Muy bien, tienes una nota excelente y un expediente ejemplar, pero se te olvida una pequeña cosa. Eres mujer.  Y ¿qué tendrá eso que ver? Os preguntaréis. Pues resulta que una mujer, suele acabar el doctorado sobre la edad de 30 años. ¡Ups! 30, los temibles 30 en los que, por ser mujer, ya vas tarde para tener niños, ¡que se te pasa el arroz chiquilla!libro.jpg

Y claro, por mucho que en la entrevista dejes claro que no planeas tener un hijo, no te creen, y acaban dando la plaza a otra persona. Otra persona con expediente peor que el tuyo, con menos experiencia que tú, pero que resulta ser hombre.

3 comentarios en “¿Vale la pena hacer un doctorado? (parte 1)

  1. He dejado de leer ya en la primera experiencia (Biología, expediente: 8), cuando he visto “echo” participio de “hacer” y “tube” de “tener”. Sin dominar el lenguaje, no podemos esperar que esos investigadores puedan comunicar conocimientos…

    1. Quizá deberías seguir leyendo las experiéncias, ya que lo ocurrido a estas personas no ha dependido de mis capacidades lingüísticas. Además, precisamente la ciencia la comunicamos en inglés, y sin querer justificar con ello las faltas ortográficas (graves, lo sé), a veces es normal cometer errores al redactar en una lengua en la que no estás acostumbrado. Gracias por el comentario, me he asegurado de corregir las faltas.

¿Tienes algo que decir? Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s