¿Individuos de carbonero común tímidos?

Cada ser humano presenta diferencias consistentes en las tendencias de comportamiento. Comparados unos con otros, hay gente más amistosa, audaz o tranquila. ¿Por la misma lógica, los animales tienen también diferente personalidad?

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En los últimos años, se ha producido una explosión de interés en el estudio de la biología del comportamiento, la Etología. Esta disciplina de la biología estudia las propiedades que permiten a los organismos establecer una relación activa y adaptativa con el medio ambiente. Su desarrollo introduce al conocimiento de los sistemas y procesos biológicos que permiten al organismo la expresión de su conducta en el ambiente en el que se desarrolla. Se considera que esta joven disciplina comenzó durante los años 30 con la obra del biólogo holandés Nikolaas Tinbergen y de los biólogos austríacos Konrad Lorenz y Karl von Frisch. Desde entonces se han producido muchos avances en este campo y particularmente en éste post nos centraremos en el estudio de la personalidad animal, una subdisciplina de la Etología.

El concepto de personalidad se refiere al resultado de los aspectos psicológicos (afectivos, intelectuales y cognitivos) y biológicos (fisiológicos, morfológicos y hereditarios) característicos de cada persona y que le distinguen de las demás. Por su propia etimología, el concepto de personalidad es una característica que atribuimos meramente al ser humano. Pero si se asume que la personalidad tiene bases biológicas, además de psicológicas, ya se abre el umbral de seres vivos que concuerdan con estas bases. No obstante, obviando el componente biológico y centrándonos en el psicológico, ciertas especies de animales pueden aprender mediante experiencias individuales, mostrando de esta forma los aspectos cognitivos e intelectuales que subyacen en éstas. Por ejemplo, la mayor parte de animales domésticos tienen una gran plasticidad a la hora de aprender nuevos comportamientos que se les enseñan, ya sean hábitos, como donde orinar y defecar en perros y gatos o habilidades, como puede ser vocalizar un sonido en diferentes especies de pájaros.

Una vez analizada la definición de personalidad, nos encontramos una dicotomía: ¿las especies son las que tienen diferentes personalidades o son los individuos en sí?

Más recientemente, investigaciones experimentales de la personalidad animal o “temperamento“, término de comportamiento animal utilizado comúnmente en la bibliografía,  han establecido que los individuos dentro de las mismas especies varían consistentemente en rasgos como timidez, neofobia (miedo hacia objetos o experiencias nuevas), exploración, agresividadsociabilidad (Dall & Griffith, 2014). Estas diferencias de comportamiento son estables a través del tiempo y en diferentes contextos (Sih, Bell, & Johnson, 2004). Por ejemplo, como avanzábamos en el título, se ha demostrado que hay individuos de carbonero común con una personalidad más tímida y otros individuos que son más pro-activos.

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Gran parte de esta variación se ha comprobado que es heredable y a menudo, estos rasgos se organizan en síndromes de comportamiento, es decir, en conjuntos correlacionados de rasgos conductuales medidos en diferentes contextos (e.g. forraje, anti-depredador y dispersión). Estos síndromes de comportamiento son cuantificados en ejes principales tales como el de “pro-actividad – timidez”, “exploración superficial – exploración minuciosa”, “alta agresividad – baja agresividad” y “alta actividad – baja actividad”. Los individuos situados en los extremos de los ejes principales se pueden caracterizar por tener diferentes estrategias de vida (Drent, van Oers, & van Noordwijk, 2003).

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Figura 1. Definición gráfica de síndrome de comportamiento. Cada punto del gráfico representa un individuodiferente de la población. Fuente: (Sih, Bell, & Johnson, 2004).

En un extremo de los ejes encontramos individuos pro-activos, con un alto nivel de agresividad y de testosterona, y por otra parte, una alta reactividad del sistema nervioso simpático. La reacción de este sistema produce unas respuestas más altas de presión sanguínea y catecolaminas como por ejemplo la adrenalina, para preparar al cuerpo ante una actividad física. Estos individuos siguen una estrategia de vidaactiva‘, caracterizada por decisiones rápidas, manipulación de eventos estresantes, relativamente insensibles a estímulos externos y listos para formar rutinas. En situaciones competitivas, donde la agresión es un factor clave, los individuos que siguen una estrategia más activa se ven favorecidos (Sol, Bartomeus, & Griffin, 2012).

En el otro extremo de los ejes encontramos individuos con un nivel relativamente bajo de agresividad, poco activos, tímidos y con una alta reactividad del sistema nervioso parasimpático. La reacción de este sistema provoca o mantiene un estado corporal de descanso o relajación disminuyendo el estrés del individuo. La estrategia de vida seguida por éstos es  “pasiva”, y se caracteriza por la cautela en las decisiones, la sensibilidad  y la facilidad en ajustarse a la situaciones externas. Estos animales generalmente se adaptan al ambiente (Koolhaas et al. 1999).

Siguiendo el ejemplo anterior, los individuos de carbonero común que son relativamente más tímidos, suelen ser menos agresivos y más sensibles a estímulos externos.

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Una vez explicada esta dualidad en estrategias, quizás la única diferencia con el ser humano es la plasticidad de comportamientos que podemos desenvolver y los cambios de personalidad que experimentamos al largo de nuestras vidas. Esta flexibilidad nos otorga mayores ventajas evolutivas. ¡No obstante, la Etología es una ciencia muy joven y aún quedan muchos aspectos que desenmascarar!

 

Fuentes:

Dall, S. R. X., & Griffith, S. C. (2014). An empiricist guide to animal personality
variation in ecology and evolution. Frontiers in Ecology and Evolution, 2, 1e7.
http://dx.doi.org/10.3389/fevo.2014.00003.

Sih, A., Bell, A., & Johnson, J. C. (2004). Behavioral syndromes: An ecological and
evolutionary overview. Trends in Ecology & Evolution, 19(7), 372e378. http://
dx.doi.org/10.1016/j.tree.2004.04.009.

Drent, P. J., van Oers, K., & van Noordwijk, A. J. (2003). Realized heritability of
personalities in the great tit, Parus major. Proceedings of the Royal Society of
London B: Biological Sciences, 270(1510), 45e51. http://dx.doi.org/10.1098/
rspb.2002.2168.

Koolhaas, J. M., Korte, S. M., De Boer, S. F., Van Der Vegt, B. J., Van Reenen, C. G.,
Hopster, H., et al. (1999). Coping styles in animals: Current status in behavior
and stress- physiology. Neuroscience and Biobehavioral Reviews, 23(7), 925e935.
http://dx.doi.org/10.1016/S0149-7634(99)00026-3.

Sol, D., Bartomeus, I., & Griffin, A. S. (2012). The paradox of invasion in birds:
Competitive superiority or ecological opportunism? Oecologia, 169(2), 553e564.
http://dx.doi.org/10.1007/s00442-011-2203-x.

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