La Casa del Agua de Trinitat Vella y la historia de la ciudad siempre sedienta.

¿Que necesitamos para construir un pueblo, una ciudad, una civilización? Mano de obra, materiales de construcción, el conocimiento para ponerlo todo en marcha, etc. Pero hay una cosa mucho más importante, algo de lo que ya hemos hablado alguna vez en este blog, y que damos por sentado: El agua.

Quizás creáis que es algo obvio pero a menudo subestimamos como el acceso al agua y el garantizar su consumo construyen la ciudad. Pensad un momento en los acueductos romanos, por ejemplo, que son construcciones titànicas y que aún perduran en muchas ciudades de Europa. No son como las piràmides o las catedrales, monumentos a la fe o a las instituciones. Los acueductos son monumentos a la persistencia por sobrevivir en un lugar, por expandir una ciudad, y podemos encontrar más ejemplos en casi todas las ciudades del mundo, pero hoy os explicaré uno de Barcelona.

Barcelona ha sido siempre una ciudad sedienta. Desde que la pequeña Barcino, la ciudad romana, empezara a expandirse, los ríos de los que disfruta siempre han aportado lo justo o lo insuficiente a sus habitantes. El agua que entra en la urbe no solo se utiliza para el consumo, como ya sabréis, y ya en la edad media gran parte de esta agua movía los molinos de harina y de la indústria peletera.

La cuenca del Rio Besos ha sido una de las principales fuentes de agua de la parte superior de la ciudad. Fijaos especialmente en la población de Montcada i Reixac y su cercanía a Barcelona.

Las minas de Collserola, la montaña que envuelve a Barcelona, fueron también una fuente de agua durante muchísimo tiempo, pero a finales del siglo XVIII, casi llegada la revolución industrial, la situación era ya dramàtica, y durante la sequía de 1776 se tomo la determinación de abrir una mina de agua en Montcada.

Estas minas consistían en galerías excavadas bajo el lecho del río Besos, ya que el terreno de este lecho era muy permeable y facilitaba la filtración de la mayoría del agua. La solución pasaba pues por extraer todas estas aguas subterràneas y llevarlas a la ciudad. Las minas de Montcada fueron explotadas, ampliadas, ampliadas otra vez, bombeadas y expandidas a lo largo de los siglos XIX i XX para satisfacer la pantagruélica demanda de Barcelona.

Pero el agua que necesitaba la ciudad no solo tenía que ser abundante, también tenía que tener bastante fuerza para mover los molinos de las diferentes industrias que se beneficiaban de la energía hidráulica. De manera que este agua se hacía subir hasta cotas cada vez más altas, para que cayera con la fuerza suficiente a lo largo de su recorrido.

Hasta 1919, Barcelona tampoco disponía de un sistema de desinfección del agua. Dadle un par de vueltas a eso: hasta bien entrado el siglo XX, el agua de Barcelona se distribuía sin desinfectar. Afortunadamente, la filtración del sedimento en las minas eliminaba gran parte de los patógenos del agua, pero no fué suficiente para evitar la epidemia de fiebre tifoidea que asoló la ciudad en 1914 (en muchas fuentes encontrareis que fué una fiebre de tifus, pero el tifus lo contagian las picaduras de parásitos como garrapatas y pulgas, así que no tiene nada que ver con la desinfección del agua).

Y aquí es donde os quiero hablar de un edificio singular, testimonio de toda esta historia.

En lo más alto del barrio de Nou Barris, en unas de las àreas más marginales de Barcelona, en la misma falda de Collserola, podemos encontrar una construcción de arquitectura modernista que destaca entre el resto de edificios de aspecto basto y sencillo. Se trata de la Casa del Agua de Trinitat Vella.

La Casa del Agua de Trinitat Vella con su aspecto actual. Después de dejar de funcionar como elemento de gestión hídrica, albergo unos pequeños huertos urbanos para los habitantes. Actualmente esta remodelada y la SCEA la gestiona como espacio de Educación Ambiental.

Este edificio Modernista se construyó en el 1919, una época en la que Barcelona estaba finalizando su expansión más rápida, que daría lugar a l’Eixample (o Ensanche) en el centro de la ciudad, pero por aquel entonces, Nou Barris aún no existía y el àrea donde se construyó la Casa del Agua estaba escasamente urbanizada.

La epidemia de fiebre tifoidea de 1914 de la que os he hablado antes fue consecuencia de que las aguas de las Minas de Montcada eran portadoras de las bacterias de esta enfermedad, debido a contaminación por heces. La corriente higienista ya había llegado a España y se tenía muy en cuenta en las decisiones urbanísticas, como en la creación de un sistema de alcantarillado eficiente y también tuvo que ver en la decisión de edificar la Casa del Agua.

Este nuevo edificio no solo proporcionaba una nueva entrada de agua a la ciudad a una cota de altura muy superior a la que se disrutaba hasta entonces (pasando desde los 18 hasta los 50 metros), también fué la primera estación de cloración y desinfección de aguas urbanas de la ciudad de Barcelona, y sirvió a su cometido durante casi todo el siglo, hasta el año 1989.

Actualmente el edificio de la Casa del Agua de Trinitat Vella se conserva como equipamiento de educación ambiental gestionado por la Sociedad Catalana de Educación Ambiental (SCEA) desde este mismo año. Su preservación es importante no sólo por su importancia histórica y valor arquitectónico, sino por el gran valor que ha tenido siempre para los habitantes de Nou Barris.

La Casa del Agua aún conserva los depósitos de cloración, la mayoría del sistema de cañerías y un paseo subterràneo hasta la casa del agua del barrio vecino. Y en lo más profundo, un depósito de miles de metros cúbicos completamente restaurado.

Sí, yo también me lo he preguntado ¿Como te las apañas para perder durante decadas algo de este tamaño?

Hay más sobre la historia de la gestión del agua en la ciudad que podéis aprender en la Casa del Agua, como la historia del Puente de los Tres Ojos que formaba parte del paisaje del barrio y desapareció durante décadas para ser reencontrado de nuevo durante unas excavaciones. Os animo a que visiteis este espacio y conozcais las actividades que se realizan en este edificio bellísimo y lleno de historia.

Conociendo la historia de la Casa del Agua conocemos hasta que punto el agua ha dado forma a la ciudad. La historia de sus gentes y sus industrias que, como la misma ciudad, siempre han estado sedientas.

Fuente:

La Casa de L’aigua de Trinitat Vella. Barcelona i les captacions municipals en Montcada. Manel Martín i Pascual

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