La esperanza de las abejas: El Urbanismo

Seguro que a estas alturas ya os habéis enterado de que las abejas del mundo están desapareciendo, y también de que esto será un gran problema para los ecosistemas de todo el planeta, incluidos aquellos que necesitamos para subsistir como sociedad. Quizás incluso os hayan explicado que la expansión de las ciudades tiene gran parte de culpa en todo este asunto. Pues hoy os vengo a explicar que las ciudades y sus ciudadanos pueden ser la gran esperanza de las abejas.

Hace un tiempo nuestra compañera Maria Blasi nos explicaba con detalle el problema de la desaparición de las abejas en un post interesantísimo y que os recomiendo. De este post, y con el permiso de mi compañera, rescataré unos cuantos conceptos que nos serán muy útiles para entender lo que pasa en las ciudades con las abejas:

  • Hay muchas especies de abejas diferentes, y muchas de ellas tienen comportamientos distintos.
  • Hay abejas que viven en comunidad y otras que son solitarias, así que no todas viven en colmenas ni forman sociedades.
  • Las abejas pueden vivir en colmenas, pero también en agujeros en el suelo, o en cavidades de cualquier tipo. A menudo suelen aprovechar las madrigueras que han hecho otros animales.
  • Algunas abejas son muy tiquismiquis a la hora de polinizar y prefieren un tipo de flor determinado, mientras que otras son generalistas, o sea que recogerán el néctar de cualquier flor que lo permita.

Todas estas especies de abejas las podéis encontrar en un paseo campestre de domingo, pero ¿Qué pasa en la ciudad? ¿Hay abejas urbanitas? eso mismo se plantearon los investigadores de los artículos que citaremos hoy. Con tanta abeja diferente, a alguna le tiene que gustar la ciudad ¿no?

Pues según los experimentos realizados en Nueva York en 2013 parecía que estaba claro que, al adentrarnos a na ciudad desde su periféria, a medida que aumentaba el nivel de urbanización, menos abejas íbamos a encontrar. O sea que, en la ciudad, ni abejas ni tomates que sepan a tomate.

Pero unos años después, en Chicago, EE.UU., y en Poznán, Polonia, dos equipos de investigadores repitieron estos experimentos con el objetivo de desmentir estas afirmaciones. Lo hicieron con metodologías muy parecidas, recogiendo muestras en diversos sitios de la ciudad, con diferentes grados de urbanización y densidad de habitantes. Y en cada uno de estos puntos hicieron capturas de abejas anotando siempre la especie recogida.

También se tuvo en cuenta la diversidad de plantas en cada área y las características de estas, puesto que en una ciudad puedes encontrar plantas autóctonas pero también algunas que vengan de la otra punta del mundo.

 

 

Mapa de estudi de Chicago. El degradado en gris representa la densidad de población y los puntos negros los contajes de abejas. En la imagen ya se aprecia lo que los aálisis estadísticos confirmaron: A més densidad de pobñación, más capturas de abejas.
Mapa de estudi de Chicago. El degradado en gris representa la densidad de población y el grosor de los puntos negros los contajes de abejas. En la imagen ya se aprecia lo que los análisis estadísticos confirmaron: A más densidad de población, más capturas de abejas.

Los resultados obtenidos en Chicago y Poznán contradecían claramente los experimentos de Nueva York. No solo las zonas eran atractivas para las abejas, en el caso de Chicago, ¡incluso había más abejas en las zonas con más densidad de población! Eso sí, no todas las especies de abejas parecían acomodarse igual de bien a las ciudades. Tras estudiar las especies recogidas en cada punto, los entomólogos polacos concluyeron que las abejas urbanitas reunen unos rasgos determinados que les facilitan la vida con nosotros.

  • Vivir en colmenas: La mayoría (aunque no todas) de las especies que viven en la ciudad forman colmenas. Una colmena es un microclima formado por la comunidad y una protección muy importante, de manera que hace a las abejas más resistentes a los cambios del entorno que se dan a menudo en las ciudades.
  • Comer de todo: las abejas especializadas en una o pocas especies de flores no tienen mucho éxito en la ciudad, donde la variedad de flores en mucho más alta que en las zonas más naturales, pero hay menos cantidad de cada especie.

Pero aún nos queda una duda, y una gorda ¿porque en Nueva York los resultados parecían demostrar precisamente lo contrario?

La respuesta es que Nueva York no es solo un área urbanizada, sino el área más urbanizada del mundo. Y especialmente el centro de Nueva York presenta gran cantidad de suelo pavimentado que evita que las abejas puedan excavar sus guaridas en el suelo o, por supuesto, que crezcan las plantas.

Chicago y Poznán, en cambio, son ciudades con áreas verdes y zonas residenciales ajardinadas. Los amplios jardines cuidados por los ciudadanos son fantásticos para las abejas, ya que disponen de una gran variedad de flores diferentes. Las ciudades en sí mismas son mosaicos de ecosistemas distintos dispuestos para ser explotados por diferentes especies. Eso sí, siempre que la urbanización de dichas ciudades mantenga espacios verdes amplios y cuidados, cosa que no pasa cuando predomina más el asfalto que los parques.

Como podéis ver, las abejas no piden nada que no necesitemos nosotros mismos: ciudades con más verde y menos asfalto, con espacios amplios y cuidados y, ya puestos, con muchas flores diferentes. Estos espacios se denominan corredores biológicos, y ayudan a convertir la ciudad es un entorno menos hostil para la fauna autóctona.

Ya hace mucho que sabemos que ese modelo de ciudad es el que nos hace más falta, pero resulta que también es el que le hace falta a multitud de especies animales. Ya sean abejas, aves, murciélagos u otros pequeños mamíferos, todos ellos estarán encantados de compartir el espacio con nosotros si les damos la oportunidad.

El el tejado del City Hall de Chicago, un apicultor se encarga de mantener unas cuantas colmenas. Fuente: http://legacy.wbur.org/2011/07/29/city-bees
El el tejado del City Hall de Chicago, un apicultor se encarga de mantener unas cuantas colmenas. Fuente: http://legacy.wbur.org/2011/07/29/city-bees

Por supuesto, estas medidas urbanísticas tienen que ir acompañadas de regulaciones agrarias que protejan la fauna también en esos entornos, en los que actualmente millones de abejas mueren cada año debido al uso desmesurado de insecticidas de amplio espectro.

Pero si os estabais preguntando que podríais hacer vosotros por ayudar a nuestros compañeros polinizadores, aquí lo tenéis: plantad flores, que sean autóctonas, que las abejas las conozcan, y defended una ciudad más verde y amplia. Los animales vendrán por su propio pie, ala o lo que sea.

Como escribía Terry Pratchett “La vida habita en todos los lugares donde puede. Donde no puede, simplemente tarda un poco más”.

Fuentes:

Banaszak-Cibicka W, Żmihorski M (2012) Wild bees along an urban gradient: winners and losers. J Insect Conserv 16(3):331–343

Lowenstein, D. M., Matteson, K. C., Xiao, I., Silva, A. M., & Minor, E. S. (2014). Humans, bees, and pollination services in the city: The case of Chicago, IL (USA). Biodiversity and Conservation, 23(11), 2857-2874.

Matteson KC, Grace JB, Minor ES (2013) Direct and indirect effects of land use on floral resources and flower-visiting insects across an urban landscape. Oikos 122:682–694

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