Por qué esto del cambio climático, en realidad, te la pela un poco.

El cambio climático no nos preocupa. Debería, por supuesto. La comunidad científica lleva ya más de dos décadas avisando de los peligros catastróficos que se ciernen sobre nosotros y algunos de ellos han empezado a notarse de forma cada año más evidente. Y, sin embargo, partidos políticos que niegan la existencia del cambio climático ganan la confianza de gran parte de la población, como hemos visto en EEUU. Y para no irnos tan lejos, en España se coloca en el poder a una formación que pone trabas a las alternativas energéticas que nos ayudarían a combatir la emisión de gases de efecto invernadero. Pero es que además estas peligrosas políticas ambientales son ninguneadas en los debates políticos, porque tampoco hay nadie que pregunte por ellas con la suficiente insistencia. Aceptémoslo: esto del cambio climático, así en general, nos la trae un poco al pairo.

Pero ¿por qué? ¿No estamos lo bastante informados? ¿Tenemos otras cosas en la cabeza? ¿Acaso tenemos un afán autodestructivo colectivo? La respuesta tiene muchos aspectos a repasar y los estudios que se han ocupado del tema han resaltado algunos de ellos.

Evolución de búsquedas de los términos cambio climático (azul) y aire acondicionado (rojo) entre 2011 y 2015. Seguro que identificáis pronto los 4 veranos del intervalo. Parece que el calor afecta gravemente a la conciencia ambiental.
Evolución de búsquedas de los términos cambio climático (azul) y aire acondicionado (rojo) entre 2011 y 2015. Seguro que identificáis pronto los 4 veranos del intervalo. Parece que el calor afecta gravemente a la conciencia ambiental.

Lo que le pasa a los demás

Un estudio en Reino Unido recogió la opinión de los ingleses sobre el cambio climático. En concreto, se quería evaluar el conocimiento que se tenía de este fenómeno y si los encuestados sentían que tenían poder para influir sobre él. Se preguntó también si consideraban que el cambio climático era un problema que les fuera afectar directamente o, por el contrario, no lo acabarían notando. Había, sin embargo, dos grupos entre los habitantes encuestados: los que habían sufrido de cerca una inundación estacional, y los que no.

Es cierto que las inundaciones no se pueden atribuir directamente al cambio climático como causa única, pero diversos modelos han predicho el aumento de estos fenómenos con la elevación de las temperaturas y, ciertamente, son cada vez más comunes es países con la climatología del Reino Unido. Así pues, se quería saber cómo percibían el cambio climático aquellos que habían sido directamente afectados por él, respecto a aquellos que no lo habían sufrido, al menos conscientemente.

Y ¿Qué creéis que pasó? Pues que las personas que habían sufrido inundaciones en sus propias carnes estaban más dispuestas a aceptar la existencia del fenómeno del cambio climático, y también a aceptar que este les podía afectar directamente. No solo eso, sino que también consideraban que ellos tenían poder para influir sobre el cambio climático, de forma negativa o positiva. La investigación concluía que aquellos que habían padecido una inundación incluso estaban más dispuestos a cambiar sus hábitos a unos más respetuosos con el medio ambiente.

La imagen típica del cambio climático. Muy bonita y dramática, pero difícil de relacionar con el clima y fauna mediterránea.
La imagen típica del cambio climático. Muy bonita y dramática, pero difícil de relacionar con el clima y fauna mediterránea.

Pero si todos tuviéramos que sufrir una catástrofe para sensibilizarnos, íbamos apañados. Tenemos a nuestra disposición muchas maneras de sentir más cerca estas situaciones mediante los medios de comunicación de masas, y estos juegan un papel muy relevante en lo que nos preocupa o no.

“Si lo dice la tele, será verdad” – sabiduría popular

Los japoneses realizaron un estudio a largo plazo comparando los temas más mencionados en los medios de comunicación con las percepciones de la población sobre las amenazas más preocupantes, y descubrieron dos cosas muy importantes: la primera, que tratar un tema en los medios de comunicación de forma intensiva se traducía en una mayor preocupación sobre él. Hasta aquí, pocas sorpresas. La segunda era que esta preocupación duraba más o menos un mes. Al mes siguiente los medios destacaban otro tema y el primero quedaba relevado a segundo plano en el ranking de prioridades de la gente. Entre las diversas cosas que relata este artículo, otra muy sorprendente es que los japoneses, durante la duración del estudio, identificaban las amenazas al medio ambiente como el segundo problema más grave del mundo, después de las amenazas a la paz (este orden se intercambió después de que a Japón llegara el documental de Al Gore “Una Verdad Incómoda”). Sin embargo, para los japoneses, el problema más preocupante de su país siempre fueron las pensiones. Toma patada a la teoría de conjuntos.

Cuando la gente SÍ que se preocupa

Llegados a este punto, me gustaría hablaros de otra campaña medioambiental que tuvo muchísimo éxito y que debería servir de ejemplo: el ahorro de agua. Cataluña sufre periódicamente episodios graves de sequía que se suceden siempre en verano por obvias razones. El último ocurrió en 2008 y motivó una campaña muy extensa para concienciar a la población de la importancia de gestionar el agua de sus hogares correctamente. La campaña se llamó “Cada gota compta” (cada gota cuenta) y también regalaba a la población dispositivos para instalar en los grifos de los hogares que servían para dosificar el agua de forma más eficiente.

Dispositivos como estos se repartieron por toda la geografía catalana. Aunque no todos se instalaran, el mensaje si que se instaló.
Dispositivos como estos se repartieron por toda la geografía catalana. Aunque no todos se instalaran, el mensaje si que se instaló.

Así, Barcelona llegó a ser la ciudad con el consumo por persona más bajo de toda Europa (cosa que ya comenté en mi última entrada). Este dato refleja el éxito de la campaña pero, ¿Por qué funcionó tan bien?

Repasando lo expuesto. Primero: la población de Barcelona sentía el problema como algo mucho más cercano. Quien más, quien menos, había notado que ese año no había llovido mucho, que las fuentes públicas estaban vacías como medida de austeridad hídrica o incluso que los ríos que solían visitar en sus salidas domingueras bajaban más vacíos.

Segundo: si a alguien se le había escapado todo esto, los medios de información llenaban sus noticieros con datos sobre el estado de los principales embalses, relatos sobre las amenazas de la sequía, campañas informativas, etc.

Tercero: y aunque esta no se ha comentado hasta ahora. La administración mostró desde el principio una preocupación muy clara por este tema. Y no era para menos, ya que no solo era una amenaza para la población de la ciudad, si no para el bienestar de los millones de turistas que llegarían a Barcelona ese año, y que si se encontraban los grifos vacíos iban a transmitir un relato muy poco atractivo de la ciudad al resto de Europa.

Todo esto, pues, es lo que hace falta para concienciar a la población sobre el peligro que es el cambio climático. Lo tenemos difícil, pues no estamos expuestos a los efectos directos del cambio climático de forma contundente, solo a un leve aumento de la temperatura de la ciudad cada año, cual langostas en la olla que hierve. En los medios, el cambio climático hace apariciones anecdóticas que hablan del hielo antártico y de los pobres osos polares. Todo muy cercano.

Y por último y más importante, las administraciones no están comprometidas con este tema, como demuestran cada vez que legislan en materia de medio ambiente, ya que choca con la dinámica de producción creciente del sistema capitalista. Resulta llamativa la última medida anunciada, que prohibirá a los diésel de más de 10 años circular. Sin duda será un beneficio para el medio ambiente, pero también para la industria automovilística, que tiene un gran peso en el panorama económico español.

Esto no es una llamada a la desidia, ni mucho menos. Pero tenemos un gran problema, y el primer paso es aceptar que, como sociedad, en general, nos la pela que estemos alterando dramáticamente el clima con nuestras acciones. Y a mucha gente le interesa que siga siendo así.

Fuentes:

A. Spence, W. Poortinga, C. Butler & N. F. Pidgeon. 2011. Perceptions of climate change and willingness to save energy related to flood experience. Nature Climate Change 1, pp. 46–49

Lorenzoni, I., Nicholson-Cole, S. and Whitmarsh, Lorraine E. 2007. Barriers perceived to engaging with climate change among the UK public and their policy implications. Global Environmental Change 17 (3-4) , pp. 445-459.

Aoyagi-Usui, M; Sampei, Y (2009). Mass-media coverage, its influence on public awareness of climate-change issues, and implications for Japan’s national campaign to reduce greenhouse gas emissions. Global Environmental Change 19(2), 203-212.

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