Los demonios de un Educador Ambiental.

Quizás aquellos que se dedican a la educación ambiental, o a la enseñanza en cualquiera de sus formas, puedan recordar algún momento durante sus clases en el que pensaran “¿Hago bien enseñando esto?”. Yo, desde luego, lo he pensado más de una vez.

Educación ambiental en un clima neoliberal

La educación ambiental ha sido durante años un baluarte de defensa del medio natural. Para aquellos que no estén familiarizados con este mundo, debéis saber que la educación ambiental no pretende defender solo la naturaleza, pues durante los últimos años el término “ambiente” se ha extendido y actualmente abarca todo el entorno que nos rodea. Así pues, el libro de la Educación Ambiental, si es que existe tal cosa, se ha ido ampliando con capítulos como la ecología urbana, el consumo responsable, la apreciación del patrimonio cultural, la salud en las relaciones interpersonales y todos aquellos aspectos que tengan que ver con cómo interactuamos con nuestro medio de una forma positiva. Unas enseñanzas, no me negareis, muy valiosas y que tienen poco protagonismo en el currículo oficial de enseñanza. Esta educación forma parte de la llamada “educación no formal”, la que no entra en el temario de las escuelas, aunque el objetivo final es que acabe siendo integrada dada su gran importancia para el desarrollo de los ciudadanos.

Pero esta educación ambiental ha crecido y se ha desarrollado en el entorno del siglo XX, que ha estado marcado, especialmente en el hemisferio norte occidental, por políticas neoliberales propias de un sistema capitalista. Estas políticas han sido indiscutiblemente destructivas para los ecosistemas naturales y las especies que las habitan, han arrasado también cuando convenía con nuestro patrimonio cultural y, por supuesto, también han afectado a la forma de relacionarnos unos con otros. Todo ello para asegurar el crecimiento de la sociedad que, no olvidemos, nos ha permitido llevar el tren de vida actual, tener nuestras necesidades básicas cubiertas e incluso poder debatir sobre ellas a tiempo real en internet. Al menos a algunos de nosotros.

La educación ambiental también se ha adaptado a este medio neoliberal, en parte, para poder sobrevivir y mantenerse lo más cerca posible de los currículos oficiales. Así, por ejemplo, en las escuelas ya se imparten lecciones sobre gestión de residuos desde la más tierna infancia. Seguro que os suenan las 3 R’s: Reciclar, Reducir y Reutilizar. Sin embargo, la R protagonista de la gran mayoría de actividades y talleres dirigidos para cualquier edad es la tercera: Reciclar. Desde el punto de vista de la relación óptima con el entorno, tiene mucho más sentido frenar nuestro consumo, especialmente el de envases, y también alargar la vida de los productos que creamos, pero las otras dos R’s están enfrentadas con el principio básico de los sistemas liberales: el crecimiento continuo de los Mercados y, por lo tanto, el crecimiento continuo del consumo.

Una pequeña experiencia para ilustrar el caso. (Google)
Una pequeña experiencia para ilustrar el caso. (Google)

Las políticas neoliberales, pese a haber sido destructivas con el medio natural, no persiguen la autodestrucción, así que también incluyen soluciones hipotéticas a los problemas medioambientales. Aunque por supuesto, estas nunca contemplarían la regulación externa de las actividades mercantiles mediante leyes promulgadas por el Estado u otras trabas que frenen el crecimiento mercantil. En cambio, abogan por un fenómeno que quizás hayáis oído mencionar alguna vez, envuelto en un halo esotérico y misterioso: la autorregulación de los Mercados. El fenómeno es fácil de explicar: si una industria maderera explota un bosque, pasa a depender de este recurso, y por lo tanto se asegurará de que el recurso no desaparezca. Así que no destruirá el bosque, sino que intentará equilibrar sus necesidades de crecimiento con la existencia del ecosistema a lo largo del tiempo, llegando a hacer real otro de los grandes eslóganes del siglo XXI: el desarrollo sostenible. Y así, sin que ni el Estado ni nadie más tuvieran que intervenir, los Mercados se regularon a sí mismos, las ardillas se salvaron y todos vivieron felices para siempre.

Volviendo a la realidad, y a la vista del panorama medioambiental actual, este cuento también nos ha engañado. Y sin embargo seguimos depositando en esta fantasía nuestra confianza, y cuando digo “seguimos” me refiero a los educadores ambientales. Prueba de ello es la aparición en los últimos años de una forma de negocio que ha tenido además mucho éxito en España y en Cataluña: el Ecoturismo.

El Ecoturismo: nuestra reconciliación con la naturaleza

El Ecoturismo ofrece, en principio, una forma de negocio muy atractiva para los ambientalistas. Se trata de atraer a los turistas a espacios naturales e inculcar en ellos el respeto por la naturaleza mediante el conocimiento del medio y sus bondades, para crear ciudadanos concienciados y respetuosos con el entorno. Los ecoturistas no solo conocen un entorno nuevo, sino que aprenden como relacionarse de forma positiva con él y descubren su importancia y valor intrínseco. Aunque, por supuesto, el “valor intrínseco” de un bosque es difícil de medir, a no ser que lo hagas en €/kilo de madera.

Un 101,1 de los encuestados no pueden estar equivocados. (Fuente: Escapadarural.com)
Un 101,1% de los encuestados no pueden estar equivocados. (Fuente: Escapadarural.com)

Lo que hace el Ecoturismo, en realidad, es asignar un valor económico al medio natural, en función de los visitantes que es capaz de atraer y el valor de las experiencias que pueda proporcionar. Es por supuesto, llevado a cabo correctamente, una explotación no agresiva del entorno, ya que el turista disfruta de este sin dañarlo. Y quizás los que más educación reciben no sean los turistas, si no los autóctonos de la zona, que pasan a ver ese entorno y su fauna y flora como un recurso natural que hay que preservar, ya que de ello puede depender su modo de vida y bienestar, creando una relación positiva entre los seres humanos y la naturaleza. Esto es especialmente relevante para las zonas rurales que ya sufren desde hace años del conocido éxodo rural y que ahora ven nacer una nueva fuente de riqueza en sus tierras a cambio de una inversión muy modesta.

Otra tontilla exploración. Que el ecoturismo sea tan popular durante casi todo el invierno demuestra otra de nuestras tesis: el ecoturista va para pasarlo mal.
Que el ecoturismo sea tan popular durante casi todo el invierno demuestra otra de nuestras tesis: el ecoturista va para pasarlo mal. (Fuente: Google trends)

El ecoturismo está en auge debido, sobre todo, a la desconexión de los ciudadanos occidentales con el medio natural y lo salvaje. Esta desconexión causa una apreciación romántica de la Naturaleza, en la que el individuo domesticado que vive en la ciudad puede volver a sus raíces salvajes a través de experimentar la privación de los lujos a los que está acostumbrado. Así, puede vivir experiencias “naturales” y viscerales que le dan una sensación de victoria y triunfo sobre la adversidad. Es por esto que los ecoturistas buscan a menudo prescindir de la seguridad material y personal y se someten a situaciones de esfuerzo (moderado) y riesgo (controlado).

Quizás ahora ves el fenómeno del ecoturismo con unos ojos más críticos. No debemos olvidar que tanto los profesores de la educación formal como los educadores de la educación no formal están sujetos a las exigencias del entorno social y operan bajo el permiso de un sistema capitalista y sus políticas neoliberales. No debería sorprendernos, pues, que acaben satisfaciendo sus intereses, pese a que los principios de la educación ambiental estén en las antípodas de los del capitalismo neoliberal. Pero eso no quiere decir que no nos reconcoma la conciencia.

La pregunta es ¿Debemos aceptar el valor monetario de aquello que queremos proteger como el argumento más poderoso para justificar su protección? ¿Qué alternativas tenemos? ¿Debe resignarse el educador ambiental a ser un educador ambiental neoliberal?

Fuentes:

  • “Environmental education in a neoliberal climate”.  David Hursh, Joseph Henderson, and David Greenwood. Environmental Education Research Vol. 21 , Iss. 3,2015
  • “Nature is a Nice Place to Save but I Wouldn’t Want to Live There: Environmental Education and the Ecotourist Gaze.” Robert Fletcher. Environmental Education Research 21(3): 338-350, special issue on “Environmental Education in the Neoliberal Climate.”
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