¿Es necesaria la conservación ecológica?

¿Por qué es tan importante la ecología o la conservación? ¿Por qué gastar un presupuesto público en la manutención del patrimonio natural?  Son preguntas que no tienen una respuesta directa, fácil y llana. Sus respuestas son complejas. Para encontrarlas vamos a utilizar nuestra imaginación para crear algunos entornos en los que contrastar dos variables. Estos entornos serán simples pero en ellos hay una ley que siempre se va  a cumplir: los individuos estarán sometidos a  la selección natural. Todo el mundo sabe que los organismos  compiten por los recursos. Esa competición afecta a la capacidad de dar descendencia y por lo tanto, existe una evolución en el momento en que se trasmiten los genes de los individuos “ganadores” de dicha competición.

Imaginemos una pineda o pinar formada básicamente por Pinus halepensis. Ahora copiaremos esa misma pineda (como si fuese tan fácil como un “copy paste”) y la duplicaremos una, dos y hasta tres veces. De forma que compararemos dos entornos: una situación en que encontramos una pineda y el segundo entorno, donde se encuentran las tres pinedas que hemos copiado. Imaginemos ahora que los dos entornos son  objeto de una catástrofe natural. La llamaremos “la catástrofe”. Bien, la catástrofe puede tener un origen biológico, virológico o ambiental (incluso podríamos situar aquí el tipo “antropológico”). Da igual, porque en el entorno con más bosques la probabilidad de que sobreviva un individuo aumenta. Cuantos más individuos, un mayor acervo génico y más probabilidades de que, debido a la variabilidad, alguno sobreviva. Evidentemente, simplificarlo al punto de conformarse con un individuo superviviente es cuanto menos absurdo debido a que implicaría igualmente la extinción de la especie, pero la gracia de simplificar el modelo consiste en entender que solamente con tener un mayor número de individuos las probabilidades de que exista el individuo que pueda resistir a la catástrofe aumenta

Todo esto sucede hasta cierto punto, ya que un número demasiado elevado de individuos supondría una limitación de la supervivencia debido a la competencia por los recursos como el agua, la luz o los nutrientes (figura 1). Es lo que en biología se llama factor K o límite poblacional . Pero el mensaje que quería transmitir al crear este modelo es sencillo: es necesario un número de pinos “sano” para que la población de nuestra pineda sobreviva.  Cada especie tiene un numero optimo, lo que para el Pinus halepensis puede conformar una población baja para otra especie puede suponer una población en exceso. Esto depende mucho del comportamiento y estrategia evolutiva, así como de las adaptaciones de la propia especie. Pero ese es un tema que no quiero abordar hoy. La idea principal se basa en que  ante una mayor diversidad genética, más probabilidades de hacer frente a las perturbaciones externas. Esta mayor diversidad genética puede deberse al hecho de que haya más individuos (caso anterior) o también a que haya una mayor cantidad de especies.

Figura 1: Se establece la capacidad de carga en función de la densidad de población y de los recursos del ambiente. La capacidad de carga de una misma especie puede variar en función de las condiciones. Imagen extraída de http://www.vi.cl

Imaginemos ahora un contexto muy diferente.  Continuamos con los bosques, pero dejamos atrás los aburridos bosques formados por solo una especie. Vamos a comparar dos tipos de ecosistemas diferentes: un rico bosque (A) con 100 especies de árboles  y un segundo bosque  con la misma extensión pero solo con una especie de árbol, es el bosque B (si queréis podéis imaginar aquí que la especie protagonista es P. halepensis). Sí, el cambio es drástico pero es necesario para avanzar en la explicación. Las áreas de los dos bosques así como el número de individuos son exactamente iguales. Lo único que cambia es la biodiversidad, es decir la cantidad de especies y su representación en número de individuos.

Ahora la misma catástrofe aparece de nuevo. En este caso afectará de forma diferente a los dos bosques, pero no según el número de individuos, ya establecimos que en los dos bosques había los mismos. Las consecuencias y efectos de la catástrofe varían en función del número de especies. El bosque A contiene muchas más especies, por eso es mucho más probable que una de esas especies cuente con alguna adaptación  o ventaja que le permita resistir la catástrofe. Claro, puede ser que en el bosque B nuestra especie única resista a la catástrofe, pero con la riqueza biológica del bosque A parece mucho más fácil que suceda en este bosque y no en el B. Es más comprensible que en el bosque A alguna de las especies sobreviva a la catástrofe. Hay más cartas con las que jugar. Sería como comprar más boletos de lotería de la navidad (un apropiado símil teniendo en cuenta la fecha). Existe una combinación más alta de genes debido a que cada especie cuenta con un “pool” de genes, de forma que cuantas más especies haya más posibilidad de que alguna sobrevive a esta gran catástrofe. Hay una relación curiosa también entre el número de especies y la frecuencia de perturbaciones (figura 2) siendo un punto medio de perturbaciones el óptimo a la hora de favorecer una biodiversidad elevada.

¿Por qué simplificar tanto? Para entender la idea que hay detrás. Un sitio con una alta biodiversidad es sinónimo de una riqueza y una alta variabilidad biológica, es decir, existe una fuerte respuesta a cualquier catástrofe. Claro, los modelos reales son mucho más complejos, y las perturbaciones de la naturaleza no siempre son de gran magnitud.  En el ejemplo la catástrofe supone una presión de selección muy alta, es decir, supone un evento lo suficientemente fuerte como para provocar la extinción de algunas de las especies. La naturaleza está llena de perturbaciones de diferentes orígenes que continuamente “asedian” a los seres que la conforman. Pero en nuestro modelo, solo el bosque A tenía suficiente diversidad como para aguantar esa catástrofe debido a sus mayores “cartas en juego”.

Figura 2: Puede observarse la relación entre la diversidad y la frecuencia de perturbaciones.  Una ausencia de perturbaciones no supone un aumento de biodiversidad ya que en ese caso las especies dominantes continúan con su hegemonía. Un número demasiado elevado de perturbaciones también supone un descenso en la diversidad ya que dificulta el crecimiento de la vida. Es el punto medio de perturbaciones el que contendrá más especies. Imagen extraída de: http://www.vi.cl

Todo este rodeo de términos sirve para entender la importancia de mantener el ecosistema sano, de conservarlo. La caza desmesurada, la contaminación y la ausencia de gestión de la  biodiversidad pueden provocar o ayudar en la desaparición de las especies y por ende, de los ecosistemas. Claro que los cambios necesarios para que esto suceda son grandes, pero aun así no debemos olvidarnos de la importancia de cuidar nuestro medio y de conservar los ecosistemas con un número de individuos y especias adecuado. El daño que realmente se comete con la caza furtiva o con la contaminación es impensable. Un daño que además anula el dinero y esfuerzos gastados en la gestión del medio natural.  Se puede pensar, lejos de la realidad, que maltratar a la naturaleza no tiene consecuencias pero las tiene, simplemente muchas veces las ignoramos o las desconocemos. Por cierto, sabíais que el término ecología está formada por oikos y logia, que provienen del griego , “oikos” significa casa y “logia” estudio. Da un poco que pensar, ¿no? Quizás deberiamos cuidar mejor nuestra propia casa.

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