Los dragones ibéricos

Los gecónidos (superfamilia Gekkonoidea) son unos saurios predadores esencialmente crepusculares-nocturnos (activos para la caza gracias al calor residual que emana de las paredes rocosas naturales o ahora bien de las paredes de casas o de muros, posponiendo para el amanecer-mediodía la digestión)  y como corresponde a un animal con dicho estilo de vida  presentan unos ojos proporcionalmente grandes al tamaño relativo total de este, dichos órganos presentan una pupila vertical para una mayor abertura (y por lo tanto mayor captación de luz); esta se encuentra acompañada por todo un conjunto de pequeñas ranuras (la imagen producida por cada uno de los agujeros de las ranuras se superpone en la retina, formando una imagen muy detallada). Las únicas células sensibles que presenta en la retina son los bastones. Los parpados no existen como tal en las familias más modernas de gecónidos (como las presentes en Europa y por ende en nuestra península), donde estos están soldados sobre el ojo i el inferior es transparente y hace de lente protectora, a diferencia de familias más primitivas como la de los Eublepharidae (Figura .1.).

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Fig.1.: El siempre popular geco leopardo (Eublepharis macularius). Un gecónido con parpados funcionales.

Pero las increíbles adaptaciones de estos dragones en miniatura no finalizan en sus ojos.  Presentan una abundante cantidad de características muy particulares, como ahora: son de los pocos reptiles que pueden emitir sonidos, gracias a unos pliegues laminares en la laringe a modo de cuerdas vocales; carecen de bufeta urinaria; notocorda en la vida adulta (caso excepcional sino único en los vertebrados): en el medio de las vértebras de la cola por donde esta se puede desprender, gracias al proceso de autotomía (amputación voluntaria de algún miembro), se encuentran presentes unos anillos notocordiales con un papel importante en la regeneración de la cola.

Cabe destacar lo que posiblemente sea uno de los órganos más interesantes de las salamanquesas: la planta de los pies. Popularmente se ha atribuido la prodigiosa capacidad trepadora de estas criaturas a “unas ventosas” en la planta de los pies, pero en realidad es producto de unas escamas superespecializadas que conforman unas laminillas dispuestas en filas transversales (el numero de filas se incrementa con la edad); cada una de estas laminillas esta constituida por conjunto enorme (de entre 100 y 1000) de espátulas o sedas (en total unos 20 millones de estas) actuando como pequeños garfios que aprovechan hasta las más pequeñas irregularidades de las superficies en apariencia más lisas. La electricidad estática, generada por el fregamiento de la enorme cantidad de sedas evita la aglomeración de estas manteniéndolas bien separadas y por lo tanto eficientes y eficaces. Se cree que esta electricidad estática interviene en la adhesión del pie del dragón en la superficie. Dichas laminillas son un carácter clave en la identificación de las dos especies presentes en nuestros territorios: la salamanquesa rosada (dragó rosat o dragonet en catalán) presenta sus laminas adhesivas subdivididas por una línea central a diferencia de la salamanquesa común (dragó, dragolí, etc. en catalán) (Figura .2.).

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Fig.2.: Diferencia entre las laminillas presentes en las palmas de los dedos de los dos géneros de gecónidos ibéricos. (Imagen extraida de internet).

Algunas especies, como las nuestras tienen cierta capacidad para cambiar de color: claro (sustrato claro, de noche, tranquilidad, hibernación) o oscuro (sustrato oscuro, de día, producto de un intenso estrés). Dicho cambio de color puede ser bien hormonal o producto del sistema nervioso.

Estos súperadaptados dragones en miniatura tienen una enorme capacidad de dispersión. Se ha observado que huevos depositados en el interior de tocones de árboles que han acabado a la deriva en el mar han podido sobrevivir (¡aun podían eclosionar!) hasta 11 días, sumergidos estos bajo el agua. Y desde luego la capacidad de los adultos para colonizar nuevos territorios es igualmente increíble. La salamanquesa rosada (Hemidactylus turcicus) (Figura .3. y .4.) forma parte de un género cosmopolita de origen asiático. La especie aquí tratada se origino concretamente en Oriente Próximo, desde donde colonizo toda la área mediterránea con gran éxito. En cuanto a la salamanquesa común (Tarentola mauritanica) (Figura .5. y .6.), forma parte de un género originado de la región noroccidental de África y es un excelente colonizador transmarino que ha invadido de forma reiterativa diversas islas oceánicas, como ahora Cuba durante el Mioceno. Nuestra Tarentola  es de origen marroquí y ha colonizado de forma natural hasta 3 veces la Península Ibérica.

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Fig.3.: Tarentola mauritanica mostrando uñas en el dedo 3ro y 4to. La salamanquesa rosada presenta uñas en los cinco dedos.

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Fig.4.: Salamanquesa común mostrando sus numerosos tubérculos cuadrangulares profusamente marcados a diferencia  de su pariente menos robusto y mas esbelto. Incluso se observan unos tubérculos a modo de espinas alrededor de la abertura timpánica.

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Fig.5.: Hemidactylus turcicus mostrando una coloración clara.

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Fig.6.: Salamanquesa rosada mostrando en este caso una coloración oscura.

Referencias:

 MAYOL-SERRA.2003. Rèptis i amfibis de les Balears.

RIVERA, ESCORIZA, MALUQUER-MARGALEF, ARRIBAS, CARRANZA.2011. Amfibis i rèptils de Catalunya, País València i Balears.

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